Opinión | Tribuna
El agujero de la cerradura
Es muy probable que el señor Andy Byron y la señora Kristin Cabot no conozcan a Josep Pla. Me atrevería a decir que nunca lo han leído. Otras cosas tenían entre manos antes que entretenerse con las disquisiciones de aquel viejo cascarrabias. Pero se equivocan. La literatura es de esas cosas inservibles que ayudan a vivir de otra manera. Lo acaba de declarar a ‘The Guardian’ Héctor Bellerín, el defensa catalán que ahora juega con el Betis, que no cuajó en el Barça y que estalló en el Arsenal. «Ya sé que es un cliché, pero a mí me ha cambiado la vida por completo». Bellerín, en lugar de mostrar fiestas temáticas o noches gamberras en las redes, resulta que cuelga los libros que ha leído, como ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo, o el ‘Romancero Gitano’, de Lorca.
Los directivos de Astronomer que fueron pillados por la cámara que enfocaba al público al concierto de Coldplay deberían haber leído a Pla. Concretamente, este fragmento: «En todo caso, el error es inicial, y el error consiste en mirar por los agujeros de las cerraduras. Mejor no mirar nunca por esta clase de agujeros. La posición es incomodísima. Contiene, además, demasiada pasión de curiosidad para no ser muy arriesgada». El de Palafrugell, que no es de este mundo, defiende, por supuesto, una cierta idea de privacidad, sobre todo porque quien la quiere corromper, quien quiere inmiscuirse en la vida de los demás, atacado por la curiosidad, corre el riesgo de descubrir cosas que no debería saber. En el caso que nos ocupa (y que nos ha mantenido distraídos unos días), el agujero de la cerradura se ha convertido en una pantalla colosal que ya no lleva incorporada la incomodidad y que se convierte en una parte más del espectáculo al que estamos asistiendo. Esto ocurre mucho en el mundo del deporte. Antes, mirábamos un partido y ya era suficiente. De resultas de la forma de hacer de los estadounidenses, que se aburren si solo contemplan el desarrollo de la práctica deportiva, hemos convertido a los pabellones en un parque de atracciones. Te enfocan y debes imitar el gesto de uno de estos emoticonos del whatsapp o debes besar a quien tienes al lado o debes bailar la canción de moda. Es decir, tienes que hacer el payaso porque todos los espectadores son eso, espectadores, y, a la vez, figurantes del espectáculo. En los conciertos, como ya hemos visto, también ocurre lo mismo.
La pareja que fue pillada ‘in fraganti’ y que optó por esconder la aventura extraconyugal a toda prisa ya sabía que les podían filmar. Hay quien ha visto una intromisión intolerable, pero ellos, al comprar la entrada, se exponían a ofrecer la intimidad al público. De la misma forma que ellos habrían disfrutado del momento si la pareja hubiera sido otra, ahora se han visto expuestos a la mofa universal hasta el extremo de que se ha puesto de moda una cámara (Coldplay Cam) que enfoca a la gente y que propone repetir la escena de los dos amantes para escarnecerlos. Nos miran por el agujero de la cerradura y, encima, pagamos y les reímos las gracias porque nosotros, por el agujero enorme de una cerradura universal, también miramos.
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