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Opinión | Para empezar

Convivir con yonquis

Un día cualquiera de verano entre semana. 13.40 horas. Una madre que ese día no trabaja (dícese yo), llega de pasar una mañana estupenda en la playa con su hijo de tres años. Se baja del coche cargada: ‘senalló’ con toallas, crema solar y botellas de agua colgado en un brazo; sombrilla en el otro; mochilita de juguetes del peque agarrada con mano, sombrero en la cabeza y... un niño cansado que pide que lo coja en brazos hasta casa. Imposible. No quedan manos libres. Sé que muchas madres se sienten identificadas en este momento.

Empieza la fiesta. Llanto y gritos de “mamá, cógemeeeee”. Mamá intenta caminar, pero el niño se agarra a la pierna. “Mamáaa, ¿por qué no me coges?”. El trayecto hasta casa son apenas 20 metros, pero parecen kilómetros. La rabieta va en aumento. El peque, cansado, no escucha, no razona. Solo no entiende por qué, con lo agotado que va, mamá no lo coge.

Mamá, entre miradas de turistas que caminan a su lado, se agacha como puede para ponerse a su altura e intenta que entre en razón y seguir camino dignamente.

Entonces aparece un individuo de unos 50 años (habitual del barrio) que empieza a gritar e imitar al niño. “Buaaaaaaa, buaaaaaa... mamáaa”. Lo que faltaba. Avanzo lentamente y en silencio con todo el equipaje y un niño en mi pierna. El tipo nos sigue. Consigo llegar a casa y abrir. Él se adelanta, pero justo cuando cierro (con mi hijo aún llorando), me aporrea la puerta para seguir con su imitación.

Echo humo por las orejas y empiezo a gritar yo. Le digo de todo menos bonito. De repente, tanto él como el peque se callan.

Mi hijo me dice: “Mamá, ¿qué pasa?”.

Pasa que esta anécdota es una más. Pasa que los vecinos de la Marina y sa Penya vivimos en un cóctel imposible de habitar: la saturación turística, la especulación con la vivienda, la suciedad, el tráfico de drogas y todo lo que ello conlleva. Pasa que me da rabia tener que aguantar estas cosas y que me da pena en lo que se ha convertido el barrio más bonito de Ibiza.

Pasa todo esto, y que tenía que desahogarme.

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