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Opinión | Tribuna

Ojalá no sea para tanto

En solo dos meses de Trump en la Casa Blanca, aquello

que parecía inmutable se está desmoronando

Cuando se habla últimamente de que Europa se juega su supervivencia, no se plantea solo la necesidad de defender sus fronteras físicas y digitales frente a posibles ataques externos. Se pretende también que los países de la UE, a los que se ha abrazado de nuevo el Reino Unido, protejan y preserven los valores democráticos y el modo de vida que los caracterizan. Esos derechos políticos, civiles, laborales y sociales, que siempre parecen insuficientes, pero cuya existencia diferencia a Europa de otras regiones del mundo. Ahora que los gobernantes estadounidenses parecen dispuestos a saltarse las reglas democráticas propias y ajenas y a irse de las instituciones internacionales que daban un cierto equilibrio geopolítico, la salvaguarda de la democracia y del estado de bienestar recae casi en exclusiva en la UE y en un puñado de países como Gran Bretaña o Canadá.

Hay quien piensa que se está exagerando intencionadamente el peligro para justificar así recortes sociales. Quién sabe, a lo mejor no es para tanto. Aunque lo cierto es que en solo dos meses de Trump en la Casa Blanca, aquello que parecía inmutable se está desmoronando.

Ese debate sobre la pervivencia del modelo social ha irrumpido con intensidad en Europa y en él participan también los partidos españoles. Pero en Bruselas. Aquí, no hay manera de escucharles una discusión sosegada sobre los riesgos que se ciernen sobre el futuro inmediato. Ni siquiera cuando el que antes era el aliado del otro lado del Atlántico alienta ahora a esa extrema derecha con la que pacta el PP, mientras en otros países la aíslan con cordones sanitarios. Aquí, Gobierno y oposición se muestran incapaces de aparcar sus deseos de destrucción mutua. Y la izquierda de la izquierda cree estar todavía en el No a la OTAN del siglo pasado, sin admitir que quien se está yendo de la alianza militar son los Estados Unidos. A lo mejor aquí solo se sueltan improperios porque, clarividentes, ya saben que la amenaza no es para tanto. Ojalá fuera eso y no lo que parece, un ejercicio más de irresponsabilidad.

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