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Opinión | Para empezar

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Cargo: Jefa de sección

Los mil y un verdugos del mirador des Vedrà

Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Desde hace dos días las redes arden (se llenan de odio, para entendernos) con el cierre por parte de los vecinos de s’Era d’en Mataret, vulgo, mirador des Vedrà. Decenas de comentarios cargados de ira contra quienes han decidido que ya estaba bien, que ya no podían más, que después de años y años de exigir soluciones no iban a permitir un verano más de invasión en nombre de la magia de Ibiza (ni que la isla fuera el Mago Pop).

Yerran el tiro. La culpa del cierre de los accesos a una de las postales más populares (instagram killed de nature star) de la isla no es suya. ¿Y de quién es la culpa? Pues, para empezar, de todas y cada una de las personas que en algún momento han formado parte del rebaño que satura el enclave. De todos los que llegan allí y, a pesar de ver que no cabe un coche más, lo dejan, si hace falta, aparcado en la rama de un pino. Se van a perder ellos la foto. Con dos meninges.

También son culpables todos aquellos figuras (léase en sentido literal y figurado) con cerebro de diplodocus que, aprovechándose de su fama y de su dinero, organizan fiestas ilegales y sesiones de dj en el mirador que, no olvidemos, es zona protegida. Luego se llenarán la boca hablando de sostenibilidad y de que no hay planeta B mientras viajan en jet privado y les importa un virot que el rincón de la isla que tanto les gusta se vaya al carajo. Entre los verdugos se cuentan también quienes sacan tajada de la aglomeración. Quienes montan su puestecito y venden mojitos, pulseras, pareos... Quienes los compran también empuñan el hacha, no lo olvidemos.

Cada influencer que cuelga una foto aprieta un poco más la soga de este enclave que lleva en su belleza su condena. Y, por supuesto, no se libran de la culpa, la gran culpa, todos los responsables políticos que, legislatura tras legislatura, prometen que pondrán coto al descontrol y luego son incapaces de tomar decisiones valientes. Es decir, que aplican la política del mucho lirili y poco lerele.

Basta ya de apelar en redes a la libertad de la isla. La libertad no puede pasar, cual apisonadora, por encima de un entorno natural. Del bien de todos.

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