Opinión | Para empezar

Qué estoicismo ni estoicisma

El estoicismo está de moda. Solo hay que ir a una librería -sea la del aeropuerto, la de un supermercado o a una librería de verdad- echar un vistazo a la sección de libros de autoayuda y constatar que abundan los manuales para aplicar a los tiempos modernos las doctrinas de Séneca o Marco Aurelio. Lo escucho en las conversaciones de vestuario de gimnasio y en las redes sociales, donde abundan los vídeos de tipos que pregonan templar el espíritu a base de dietas, baños de agua helada y otras formas para disciplinar el cuerpo que, afirman, sirven también para seguir la vía recta de la virtud.

Los que me conocéis, os podéis imaginar el escepticismo que me provoca esta moda. Es comprensible que ante un un mundo complejo, inestable y caótico, algunos opten por replegarse al interior y apostar por la contención de las pasiones. Pero si se rasca la superficie, comprobaremos que ese casto ascetismo tiene mucho de misoginia incel; que tras ese blablabla de la rectitud y los valores hay una nostalgia reaccionaria y autoritaria; y que el resultado final no deja de ser una papilla para quien se mata a trabajar o a machacarse el cuerpo, es decir, placebo para ejecutivos aspiracionales, porteros de discoteca y tipos que se toman el ‘De Passeig a Passeig’ como si fueran las Termópilas.

Sobre la quimera de anular las pasiones ya escribió una parábola Junichiro Tanizaki en su libro ‘La madre del capitán Shigemoto’. Michizane, deprimido porque su esposa le ha abandonado, cae en manos de un monje budista que le somete a la ‘Contemplación de la Impureza’, una terapia de shock que consiste en contemplar cómo se descompone el cadáver de una mujer durante dos semanas. «Esto es lo que tú deseaste, este amasijo de gusanos y corrupción», le dice el monje. Después de todo ese tiempo aguantando el frío, la lluvia y el hedor insoportable, Michizane regresa a casa y constata que la pasión que siente por su exmujer no solo no se ha apaciguado, sino que es más intensa todavía. Vamos, que todo ese circo macabro no ha servido para nada. En resumen, que el único estoico que me interesa es Hristo Stoichkov.

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