Opinión | Para empezar

El paraíso que nos cargamos

Hace unos días, en una fiesta de cumpleaños infantil organizada por unos amigos en Madrid, entre ganchitos, patatas, guacamole y humus de remolacha -la modernidad es lo que tiene-, alguien me preguntó si todo lo que se sale en la tele y se publica sobre Ibiza es real. Si es verdad que hay tanta gente trabajadora durmiendo en chabolas, caravanas, furgonetas... Si existe ese enorme contraste entre el lujo de los grandes hoteles, villas, superyates y restaurantes de postín y gente que ni siquiera puede pagarse un techo pese a tener un trabajo estable. Les estuve contando algunos ejemplos, de esos que -por desgracia- publicamos día sí y día también en los medios de comunicación de la isla y que han saltado ya a los del resto del mundo, y flipaban. Aunque nosotros no hayamos perdido la capacidad de asombro y de indignación, supongo que cuando te lo cuentan de primera mano la bofetada es mayor. Después estuve charlando con un papá del grupo, Oriol, alucinado porque conoce muy bien Ibiza y no entiende -porque es difícil de entender y de asumir- la deriva que lleva la isla en la última década. Me contó que lleva viniendo toda la vida, que su padre y su tío compraron dos apartamentos vecinos en los años 70 en ses Salines y que los han disfrutado a tope desde entonces. Recordó esos veraneos -un concepto distinto al de vacaciones- de la infancia en los que se juntaban todos los primos y se pasaban todo el verano en bañador, asalvajados, jugando, nadando y corriendo de acá para allá. «Era el paraíso», me dice. «Aún es para mí el paraíso, al menos el de la infancia. Volver a Ibiza sigue siendo uno de los momentos más felices del año», cuenta. Ahora ya no viene todo el verano, claro, eso ya no se lleva. Suele dejarse caer en la isla con su pareja y sus hijos en septiembre o en octubre. Unos días. «Lo bueno -señala- es que como estamos al lado de la playa de las Salinas no nos cuesta ir, aunque bajamos a las ocho de la tarde». Al parecer, el paraíso sigue estando ahí, por mucho que nos empeñemos en cargárnoslo.

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