Opinión | Para empezar

Luchar contra la masificación no es moda, es necesidad

Diario de Ibiza publicó este lunes una encuesta realizada por Quaderns Gadeso que refleja la inequívoca imagen que más de la mitad de los turistas que repiten vacaciones en las islas se han formado en los últimos años: la saturación ha empeorado mucho en comparación con la última vez que nos visitaron. No obstante, queda un ilusionante 10% que piensa todo lo contrario, que ha mejorado. También demuestra este sondeo que los turistas, que no son tontos, están al corriente del movimiento contra la saturación en las islas, que llega un poco tarde, todo sea dicho.

Después de que el PP haya decidido enarbolar ahora la bandera contra los efectos del turismo de masas (y la falta indignante y absolutamente sonrojante de infraestructuras acordes al volumen de actividad en verano desde hace décadas; gracias, políticos de todo signo por vuestra incompetencia), ya no cabía duda de que esta realidad no escapa a nadie. Que todos nos hemos dado cuenta de que hay que replantearse muchas cosas. Bueno, no todos. Algunos extremos de nuestra política lo son tanto que parece que viven en otra galaxia. Qué ceguera, qué obtusos.

Este problema lo hemos creado nosotros, los insulares. Hemos permitido que esta bendita industria amenace con devorarnos y tenemos la obligación de afrontar el problema para buscar soluciones. Ahora la masificación es más visible porque es una de las causas principales de la falta de vivienda, y este problema está afectando a muchos empresarios. No hay que ser demasiado listo para sacar conclusiones: hasta que no ha afectado a nuestros bolsillos, en particular a los de quienes mueven la economía, aquí no ha habido problema. Es una evidencia además de que en las islas hay una sobreoferta de todo el abanico que ofrece el sector del ocio. Todo suma. Pero lo realmente importante es el daño al entorno, porque el medio ambiente no tiene armas para sobrevivir a nuestra locura, al capitalismo salvaje. Al sálvese quien pueda pero si es posible, forrado de pasta. Así nos va desde hace lustros...

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