Opinión | Para empezar

Turismo, porque yo lo pago

En la península se manifiestan porque «no quieren ser como Ibiza», pero para muchos de nuestros preclaros huéspedes, aquí no tenemos ni siquiera derecho a la queja. Solidarios ellos, más del 30% de los visitantes en Balears (y esto representaría cientos de miles de personas) consideran «injustas» las protestas contra la masificación, ya que «vivimos del turismo», según la última encuesta de Gadeso. Resignémonos, pues, a nuestro sino de parque recreativo, a que nos expulsen de nuestros barrios, a que arrasen con quedadas multitudinarias, móvil en mano, frágiles espacios naturales, a compartir carreteras con borrachos o drogados que siguen la fiesta al volante, a esperar horas y más horas en unas Urgencias colapsadas, a no dormir con las ventanas abiertas o incluso cerradas, a que nos frían con los precios... Ya renunciamos a los arenales y ahora que los ‘influencers’ las han descubierto al mundo, también nos empujan fuera de las rocas. Dejemos las playas a estos turistas, que ya las disfrutaremos en invierno, cuando el baño más apetece. Que nuestra presencia no haga sombra a sus vacaciones.

Pero no, tenemos toda la legitimidad para defender nuestro hogar. Con su billete de avión, su hotel, su paquete, su entrada a una discoteca o su cena, nadie está pagando su derecho a pisotear los míos, ni mucho menos el medio ambiente de una Ibiza sedienta y agostada por la excesiva presión humana, que no tiene precio. No vivimos, malvivimos de un turismo que nos hace el día a día cada vez más imposible y está forzando un éxodo de familias que sí estiman esta isla por lo que es. Historia, cultura, campos, pueblos, mar y una sociedad viva que no cierra en invierno. Su casa.

Por fortuna, el Govern ha decidido ponerse a la vanguardia en la lucha para poner límites a la saturación y ha abierto una mesa de diálogo que a saber cuándo empezará a dar sus frutos. La contrapartida es que este golpe de efecto viniera acompañado de la penúltima amnistía urbanística (se ve que la de 2014 no fue suficiente), un premio a los infractores que alienta la especulación en suelo rústico. Hablan de protección, pero piensan en dinero.

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