Opinión | Tribuna

Les doy un dato con algo de relato

España es ese país que lleva a una líder política a ser la mejor valorada durante dos años consecutivos, a pasar a ser candidata a la presidencia del Gobierno y terminar un año después amortizada en lo orgánico dimitiendo ante el resultado de la noche electoral de la coordinación de su proyecto político. Podría ser Albert Rivera si habláramos en masculino, aunque él no ocupó la vicepresidencia pensando siempre en el sorpasso.

Yolanda Díaz no jugaba a superar al PSOE, sí a laminar a Podemos desde la presentación de la marca Sumar como la alternativa amable a la formación de Pablo Iglesias. El parte final de guerra tras estas europeas, certificado de manera previa en las autonómicas gallegas, vascas y catalanas, es que ambas fuerzas han conseguido neutralizarse hasta volverse irrelevantes y dejar a la histórica Izquierda Unida en el camino de su esencia tradicional.

La trituradora política sigue funcionando a buen ritmo, y de la misma manera que entran nuevos actores tan sorprendentes como Alvise, expulsa a aquellos que hemos encumbrado unos u otros con la misma rapidez e inconsistencia con la que les dejamos caer. Líderes sin partido, o partidos creados apostando todo al carisma de quién encabeza el proyecto.

Pablo Iglesias la designó, sin consultar con ella, sucesora en una vicepresidencia del Gobierno, cuando fue a parar el fascismo en la Comunidad de Madrid. Tuvo numerosos éxitos en la gestión, en medio de la concertación social, las primeras subidas del SMI, los ERTE o la reforma laboral hasta que la CEOE decidió que el idilio estaba siendo demasiado largo, o se lo susurró al oído empresarial el propio Feijóo. Al mismo tiempo iba decayendo el desempeño del Ministerio de Igualdad con Irene Montero al frente y su gestión final supuso un serio quebradero de cabeza para el presidente y candidato Sánchez, que quería alejarla de otro posible gobierno de coalición.

El PSOE resiste con un 30% del voto, concentrando gran parte de la izquierda en su opción, pero deja ese ámbito huérfano de líderes y lo que es peor de proyectos políticos que integren con cierta estabilidad y continuidad.

Mientras la antipolítica avanza bajo siglas ya conocidas de la ultraderecha o de nuevos populismos desestabilizadores, la izquierda no encuentra el relato que transmita la importancia de luchar contra el cambio climático por supervivencia, incluida la económica, el avance lento en los derechos de las mujeres, y las migraciones vistas además de como una oportunidad como un movimiento natural inevitable. El autoritarismo crece en Europa bajo estos tres ejes del discurso que la izquierda debe reformular.

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