Opinión | Tribuna

Apología del egoísmo y la indiferencia

Al final lo han conseguido. La batalla cargos, egos y arrogancia iniciada entre el presidente del Consell de Formentera, Llorenç Córdoba, y el que era su vicepresidente, José Manuel Alcaraz, al que han secundado los demás consellers de Sa Unió, ha acabado volando por los aires la institución y sumiéndola en un estado de parálisis irreversible y desgobierno.

El pasado viernes, los ocho consellers de Sa Unió anunciaron que renunciaban a sus cargos en la Junta de Gobierno, aunque se mantendrían en la oposición para escenificar la soledad de Córdoba, tan cerril como ellos y aferrado al timón aún a costa de hundir el barco. La forma de actuar de esta caterva de sátrapas, que sólo pueden seguir en política el tiempo en que se prolongue esta legislatura surrealista, constituye el más clamoroso ejemplo de cómo el egoísmo, la megalomanía, la corrupción moral y la ceguera institucional priman por encima de los intereses de toda la ciudadanía. Hoy por hoy, el Consell Insular de Formentera, al haber quedado descabezada su Junta de Gobierno, no tiene capacidad para sacar adelante un solo proyecto de futuro.

Sin la concurrencia de este órgano, por ejemplo, no pueden aprobarse los gastos más elementales que se necesitan para administrar los recursos públicos o las adjudicaciones más básicas, y tampoco hay manera de revertir la situación, salvo que esta panda de desalmados, empeñados en dinamitar la institución de la que cobran su salario con el dinero de todos los vecinos, den marcha atrás o se vuelvan a casa, rezando para que el tiempo obre su efecto y la gente de la isla vaya olvidando su historial de arbitrariedades y bufonadas. Aún no me explico cómo cualquier de ellos se atreve a pasear por la isla si no es con la cabeza gacha.

A través de un comunicado valleinclanesco, los consellers de Sa Unió han renunciado a su cargo en el ejecutivo para meter presión a Córdoba, demostrando ser una tropa de mamelucos que aún no ha aprendido la lección más elemental en esta historia: Córdoba es más testarudo que un mulo y no renunciará, aunque la institución implosione. Su principal argumento para justificar la maniobra es “el comportamiento irracional y temerario del presidente”, recordando que llevan meses pidiendo su dimisión “por su falta de ética, por la falta de confianza, por no sacar adelante el trabajo y por crear problemas en lugar de dar soluciones”.

A esta parodia de políticos habría que recordarles aquello de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Qué ética podemos concluir que tienen ellos, cuando, con esta nueva maniobra de desestabilización, la enésima, lo que hacen precisamente es “crear problemas en lugar de dar soluciones”, y además el más gordo de todos: dejar el Consell paralizado.

Lo explicaba ayer de forma cristalina el secretario de la institución, Ángel Custodio Navarro, que es un profesional de prestigio que debe de andar con la mandíbula dolorida de tanto quedarse con la boca abierta. Con un equipo de gobierno formado solamente por el presidente y tal vez el único conseller que en el momento de escribir estas líneas aún no había firmado la renuncia, se avecinan tres años de la más absoluta nada. “La organización del Consell ha explotado”, dijo.

Córdoba, al que ya resulta imposible tomarse mínimamente en serio, con sus constantes contradicciones, sus idas y venidas, y esta costumbre de dinamitar acuerdos y a los cinco minutos tratar de poner pelillos a la mar, ha reaccionado de la forma previsible. ¿Dimitiendo y facilitando así que la institución se recupere? Obviamente no. Aferrándose a la poltrona, aún a costa de sumir a la institución en un coma profundo. Total, su nómina seguirá llegando a fin de mes. El presidente ha calificado la maniobra de sus hasta ahora compañeros de gobierno de “vergonzosa y cobarde”, señalando también, en alusión a José Manuel Alcaraz, que “se preocupan más por los intereses de una única persona que por los de todos los formenterenses”. De nuevo lo de la paja y la viga.

El mundo está cambiando y desde hace unos años desembarcan en política tal cantidad de personajes siniestros, megalomaníacos y pagados de sí mismos que ésta se ha vuelto insoportable. Lo de Formentera, sin embargo, es incluso peor, porque estos sujetos se presentaron a las elecciones como gente moderada y dispuesta a defender el interés común de la ciudadanía, y han acabado demostrando que son capaces de arrastrar a la institución por el fango, anteponiendo sus cuitas personales como colegiales.

Existe una solución. Tengan una pizca de amor propio, dimitan y permitan la entrada a otras personas que no estén contaminadas por esta vergüenza. No se puede condenar a todos los vecinos de Formentera a la parálisis institucional más absoluta por una cuestión de ego y de chulería.

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