Opinión

Córdoba, Sa Unió y el surrealismo político

Pleno del Consell de Formentera.

Pleno del Consell de Formentera. / Carmelo Convalia

Ni Berlanga. Ni Azcona. Los dos genios del surrealismo costumbrista patrio no habrían imaginado una trama tan loca como la de Formentera, que ahora vuelve a dar un giro inesperado con el nuevo jaque de los consellers de Sa Unió al presidente, Llorenç Córdoba. Sus antiguos (y efímeros) socios -salvo uno, de momento- han renunciado a todos sus cargos en el equipo de gobierno, pero no a sus escaños, lo que deja a Córdoba más solo que nunca. Él solo atrincherado en su poltrona, paralizado bajo el peso de todas las áreas de gobierno del Consell, aferrado a su vara de mando, a los asesores que ha colocado a cuenta del dinero de todos para no sentirse tan aislado; respondiendo con ataques a los ataques, manteniendo la partida en tablas sin ninguna salida en el horizonte. Al otro lado del tablero, los ocho consellers de la coalición formada por el PP y Compromís per Formentera, que junto con Córdoba pasarán a la historia del despropósito político: en menos de seis meses han logrado dilapidar una mayoría absoluta histórica y han llevado a la institución a su peor crisis, a una parálisis total por su incapacidad para encontrar una solución a esta situación endemoniada. Atónitos, los ciudadanos, rehenes de la incompetencia y la irresponsabilidad de los políticos a quienes eligieron para gobernar la isla (en qué hora), asisten a este duelo a garrotazos en el que los contendientes, como en el famoso cuadro de Goya, se atizan enterrados hasta las rodillas. Sin poder moverse más que para arrearse con furia. Cegados por la intransigencia y la cerrilidad mental. Sin importarles que al final nadie gane y todos perezcan por los golpes.

El anuncio de que las dos partes iban a negociar era humo, tal y como ya nos imaginábamos. Se acaba de cumplir un año de la victoria de Sa Unió en las elecciones y la situación es insostenible. Por responsabilidad política, todos los protagonistas de este penoso espectáculo deberían abandonar y dejar paso a personas más capaces, responsables y comprometidas con la isla. La convocatoria de elecciones ya es la única salida posible. Aunque me temo que estos personajes de Berlanga están dispuestos a sumirnos aún más en el estupor.

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