Opinión | Desde la marina

Benditas anguilas

Es evidente que la vida se resiste a desaparecer de ses Feixes

Vi la foto que nos regalaba el buen ojo y la paciencia de Cristina Amanda Tur y no podía creer lo que veía. Una garza real se zampaba hace ya algunas fechas una anguila en las aguas infectas de ses Feixes. Lamenté el final de la pobre anguila, pero el hecho, por inesperado, ha sido un verdadero acontecimiento que apenas ha tenido eco, siendo que nos abre la puerta a la esperanza. Pensé en la increíble aventura de la anguila. Hoy sabemos que las crías, cuando son pequeñas, de apenas 3 o 4 centímetros, viajan desde su lugar de nacimiento en el Mar de los Sargazos, único lugar del planeta donde se reproducen, atraviesan el Atlántico, cruzan el estrecho de Gibraltar y colonizan todos los humedales y ríos de las costas mediterráneas. En nuestras latitudes pueden vivir entre 5 y 20 años hasta que, convertidas en ejemplares adultos, regresan a donde nacieron en el Mar de los Sargazos para desovar. Las modestas y memoriosas anguilas hacen así una de las migraciones más largas del reino animal, seis o siete mil kilómetros.

El caso es que la pobre y resistente anguila que se zampó en ses Feixes una garza es una prueba irrebatible que demuestra lo que creían imposible los más agoreros, que los humedales de Talamanca eran ya irrecuperables. Es evidente que la vida se resiste a desaparecer de ses Feixes. Como es asimismo evidente que las cosas, para bien, podrían cambiar. Da rabia que, en estos momentos, la escasez hídrica que sufrimos demore sine die la inyección de agua que se quería hacer a las acequias para tratar de mejorar su salubridad y ver de qué manera puede recuperarse su flujo. En cualquier caso y sin más esperas, algo debería hacerse. Las anguilas repiten por generaciones el mismo viaje y van a donde fueron sus ancestros para crecer, de manera que esta pobre anguila que nos ha visitado debía tener una tataratatarabuela que hace muchísimos años, en los 40 o los 50 del siglo pasado, -cuando nosotros, chavales entonces, las cazábamos con trampas- ya crecía en nuestras Feixes. ¡Sorprendente y alentador!n

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