Opinión | Tribuna

Formentera va de tripi

Probablemente hayan visto ese llamativo cartel con el programa de fiestas de Sant Ferran, que reprodujo hace unos días la prensa local. Como el evento principal era la tradicional Flower Power que se celebra en la plaza, vinculada al movimiento hippy que antaño existía en la isla, la ilustración que encabezaba el póster se centraba en él. En el centro del dibujo aparecía la iglesia de Sant Ferran, envuelta por notas musicales, un vinilo, una bola de espejos, el símbolo de la paz y una ola de color sin duda provocada por las setas alucinógenas dibujadas en los márgenes, con su característica forma acampanada, y unos labios de los que sobresalía una lengua con un tripi en la punta en forma de flor.

Afirmar, como metáfora, que a veces da la impresión de que las mentes de los políticos que gobiernan Formentera se hallan bajo la influencia de sustancias psicotrópicas, con los sustos que nos dan prácticamente a diario a través de los periódicos, no debería escandalizar a nadie. Sin embargo, al final vamos a tener que tomarnos la alegoría en sentido literal. Sólo así se explica que en los contenidos publicitarios de un programa de fiestas patrocinado por la principal institución de la isla se promocione el consumo de drogas ilegales.

Un tripi es la denominación que recibe una dosis de dietilamida de ácido lisérgico; es decir, LSD, una sustancia psicotrópica cuyo consumo está prohibido en nuestro país y que se obtiene de la ergolina y de la familia de las triptaminas. Sus efectos pueden incluir alucinaciones con ojos abiertos y cerrados, sinestesia y percepción distorsionada del tiempo, la conciencia y los sentimientos, efectos todos ellos que pueden parecer reales al consumidor.

La definición, en todo caso, encaja como un guante con las sensaciones irreales y psicodélicas que experimentan los vecinos formenterenses cuando siguen la actualidad que generan a diario su presidente y máximo representante, el independiente Llorenç Córdoba, y sus archienemigos de Sa Unió, con los que gobierna la institución en un clima de odio visceral que va y viene a oleadas, como el subidón del cartel. La consecuencia es que el Consell vive inmerso en una parálisis burocrática permanente y en un infierno profesional para los funcionarios, que se ven obligados a esquivar las puñaladas traperas que sus jefes intercambian a diario, con ellos de por medio.

Tras seis meses de vergüenza y estupor, en los que Córdoba y sus socios de Sa Unió han llegado incluso a intercambiar denuncias judiciales y policiales por delitos como cohecho, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias o grabación de conversaciones privadas, entre otros, ahora afirman que van a iniciar conversaciones para negociar una salida a la crisis. No me digan que no es como para pensar que a todos nos han puesto unas gotas de alucinógeno en el café.

La bandera blanca la izó Sa Unió con la retirada en el pleno del pasado jueves de dos mociones que jugaban en contra del presidente y que pretendían sustituirle en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria Balear, entidad que le proporciona otro sobresueldo más –no olvidemos que el asunto pecuniario constituye el principal objetivo y misión de sus andanzas políticas–, y redistribuir sus competencias. Tras el gesto, el presidente se mostró agradecido y manifestó que «en vez de utilizar los medios del Consell para peleas internas o para complicarnos más la situación, lo que tenemos que hacer es ir todos a una». La dureza marmórea del rostro de este personaje no tiene parangón.

La oposición ya se frotaba las manos ante otro pleno caracterizado por el fuego cruzado entre Córdoba y Sa Unió, cuando las partes en conflicto anunciaron esta tregua en la que, al parecer, todo es negociable, incluida la vuelta del presidente del PP, José Manuel Alcaraz, expulsado de sus responsabilidades como vicepresidente tercero y conseller, y uno de los principales culpables de la crisis. Tela marinera.

Dado que ninguno de estos sujetos parece tener el menor sentido del ridículo, y sí unas tragaderas excepcionales y un cinismo a prueba de bombas, todo apunta a que la gente de Formentera va a tener que soportar su nefasta presencia todo lo que queda de legislatura. Apañen, por tanto, una solución, terminen la partida del juego de las sillas que tienen montada en la guardería y comiencen a solucionar los problemas reales de los ciudadanos, condenados a esta terrible espera hasta que puedan ponerles de patitas en la calle. Eso, si es que queda alguno que aún se atreva a presentarse a las próximas elecciones.

El montón de estiércol que cubre la máxima institución de Formentera es cada vez más grande. Yo aconsejaría a sus ciudadanos que, por higiene mental, eviten toda noticia relacionada con sus dirigentes políticos. Sólo así podrán superar esta travesía por el desierto. Tenía razón el cartel: Formentera es alucinógena. ¡Y sin drogas!n

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