Naftalina

Carmen Martínez-Fortún

Carmen Martínez-Fortún

Manuela era una modista de mi abuela que acompañó mi niñez en el piso de ancho pasillo y soleada galería de Barcelona. Ya viejecita cuando yo era pequeña, sus manos surcadas de venas, su delgadez extrema, su sordera incurable y su espíritu hacendoso mantenían los armarios impolutos sin Marie Kondo alguna en aquella casa de seis torbellinos que, desafiando toda norma, jugaban al fútbol en el salón, al ping-pong en la mesa del comedor y a los botones en todas partes, antes de que una pelea a gritos y tortas arruinara los escasos momentos tranquilos.

Manuela no se inmutaba, defendía si mi madre regañaba, colocaba la ropa por la noche y cambiaba los armarios en temporada hasta que ya no pudo hacerlo. Entonces fue mi madre la encargada de pulverizar la lana con un aparato de nombre Flit, artilugio que recuerdo a menudo oxidado y que ahora sé que era una bomba de rocío manual. El Flit olía fatal, pero a mi madre no le importaba.

No contenta con el Flit, añadía en los baúles que subiría a la buhardilla abultadas montañas de bolas de naftalina y la ropa que heredábamos los vástagos de familia numerosa se conservaba libre de polillas pero apestosa, a la espera de que al año siguiente volviera a servir tras una semana colgada al aire para ventilar sus vapores.

Hace años que no encuentro naftalina. La busqué una vez para espantar a los murciélagos que anidaban en los cajones de las persianas, cuyo pis huele mucho peor que ella. Se dejaría de utilizar porque era tóxica, pero más para las polillas que para las personas que la sobrevivimos y aquí estamos, estigmatizadas, eso sí por su pestilencia si, por ejemplo, no nos gustan dos tíos barbudos oprimidos por un corpiño y las nalgas al aire, empoderando su culazo al grito de ¡zorra! sobre un escenario para representar a España en Eurovisión.

Una no se imagina a ningún presidente de derechas afirmando que la perroflautez existe y huele a sobaco. Pero por una vez agradece el improperio, que, en lugar de herir como era su objetivo, ha conseguido revivir una infancia luminosa por contraste con estos tiempos oscuros.

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