para empezar

Ibiza y la ‘distopía’ de vivir en garajes

Después de que le suban el alquiler, Julie, una arquitecta que a sus 30 años trabaja como becaria, se ve obligada a rentar una plaza de garaje en un ‘parking’ subterráneo (ilegal y de todo menos barata) para poder dormir a cubierto. Si no nos la vendieran como la distopía de un futuro en el que hay que pagar al banco por el privilegio de que al otro lado de la línea haya una persona y no una máquina, podríamos tomarnos la serie ‘The Architect’ como un documental. Al menos en Ibiza, donde los hijos no tienen expectativas de acceder a una vivienda si no heredan y sus padres tiemblan cuando les toca renovar el contrato de miedo a acabar en la calle. Donde, hoy mismo, sin esperar al mañana que describe ‘The Architect’, cientos de temporeros (y no solo ellos) alquilarían esas infectas plazas de garaje separadas por cortinas de la serie por la seguridad de tener un sitio para vivir que puedan llamar suyo. Esta semana Canarias ha anunciado que ampliará las posibilidades de edificar en rústico, ¿acabaremos haciendo lo mismo? Tuve un compañero que auguraba hiperbólico que no pararíamos hasta convertir esta isla sin agua en un nuevo Hong Kong, una naturaleza ahogada en cemento... de lujo. Porque por mucho que se construya y destruya, mientras no se frene el crecimiento y se ataje la especulación siempre faltará vivienda. En ‘The Architect’, Julie idea a partir de su experiencia un proyecto inmobiliario para transformar los habitáculos del ‘parking’ en miniapartamentos. ¿Hace falta que les cuente qué pasa con los que vivían en ellos? No, pues hacer casas no significa que éstas vayan a parar a quienes las necesitan. Y la Ibiza actual es la muestra.

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