Más inflación, más pobres

La inflación cerró el último mes del año 2023 con una tasa del 3,1% y la media anual ha alcanzado el 3,6%. A pesar de la tendencia positiva de los últimos meses, la inflación acumulada desde que empezara la escalada de precios en el primer trimestre de 2021 -un año antes de la invasión rusa a Ucrania-, ha supuesto una importante pérdida de poder adquisitivo para las familias. Pero no ha afectado a todas por igual. Veamos. Entre diciembre de 2020 y diciembre de 2023, el IPC ha subido un 16% acumulado. En este mismo periodo de tres años, la pensión media contributiva ha aumentado un 12%, mientras que la pensión no contributiva de jubilación e invalidez lo ha hecho en un 21%. El impacto de la subida de los precios ha sido mayor sobre los trabajadores. En el sector público, el incremento salarial acumulado 2021-2023 ha sido del 8%, idéntico al de los asalariados en el sector privado, según la encuesta de coste laboral (8%), en ambos casos muy por debajo del 16% que han crecido los precios. Es decir, los trabajadores han sufrido una pérdida de poder de compra del 8%, pero con algunas diferencias entre sectores productivos. Mientras en el sector industrial el incremento salarial por hora ha sido del 8%, en el sector servicios es el 7% y en la construcción ha alcanzado el 12%.Con dicha pérdida de poder adquisitivo puede sorprender el crecimiento del consumo. Sin embargo, el ahorro acumulado durante la pandemia y el crecimiento del empleo que se ha producido los últimos años han dado soporte al consumo. Pero existe otro fenómeno añadido, llamado «sustitución de la cesta de consumo». Cabe recordar que la inflación solo refleja el crecimiento de los precios de una cesta de la compra ‘tipo’, pero eso no significa que cada familia no pueda gestionar su propia cesta para gastar menos, especialmente en aquellos bienes y servicios en los que existen alternativas (es menos posible en el contrato de luz o el pago del alquiler). Por ejemplo, el precio del pescado fresco ha crecido un 23% en los últimos tres años, y eso ha hecho que muchas familias opten por comprar pescado congelado, mucho más barato. Aunque el pescado congelado también haya subido de precio (un 20%), por el mismo gasto que antes hacían en pescado fresco ahora pueden abastecerse de pescado congelado. Es decir, su inflación en la cesta de la compra de pescado podría incluso ser cero, pero a cambio de una menor calidad de producto. Lo mismo sucede si se sustituyen unas marcas por otras de menor precio o si se opta por consumir menos frecuentemente algunos productos o servicios no esenciales (peluquería y cuidados, por ejemplo).

Las previsiones de la Comisión

Europea apuntan a un incremento de precios de consumo en España del 3,4% en 2024 y 2,1% en 2025, mientras que la subida salarial pactada entre sindicatos y patronal es del 3% para 2024 y 2025. Esto permitirá continuar con la recuperación de la capacidad adquisitiva perdida por los trabajadores durante los últimos años y dará aliento al consumo privado. Por lo tanto, a pesar de que la economía crecerá menos este año, los precios seguirán aumentando, aunque a menor ritmo. Se descarta por el momento una bajada de los precios generalizada. Si los sueldos crecen los próximos años por encima de la inflación, cosa que podría suceder, se recuperaría solo en parte la pérdida de renta que han sufrido las familias estos últimos años. Por lo que seguiremos siendo más pobres que antes de la pandemia.

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