¿Unas Navidades sin ansiedad ni malos rollos?

Que me den la receta. Por favor, en serio, si alguien la tiene, que la comparta, que todos merecemos algo de paz y no es nada fácil entre tanto compromiso. A menos que decidas saltarte tanto teatro y pasar de los impuestos convencionalismos sociales e ir por tu cuenta (y que te lo respeten, claro).

A menudo, las personas con las que nos reunimos en estas fiestas, quitando los más próximos-casi-pegados, no tienen ni idea de qué es de nuestra vida, cuál es nuestra realidad diaria ni si este año se ha ensañado especialmente con nosotros y a veces, simplemente, no podemos más: estamos exhaustos. Y una sola comida más con todos sus protocolos podría terminar con el resto de fuerzas que nos quedan y hacer que nos precipitemos directamente y sin contención al vacío de la cama y el silencio. Sí, el asunto tiene su peligro, aunque mucha gente no comprenda ni de qué hablo.

Todo comienza con los saludos. Las personas con algún tipo de enfermedad, trastorno mental o alimenticio temen esta primera fase que para los demás no es nada más que «un saludo». Puede desatar toda una crisis. ¿Qué tiene de malo quedarse simplemente en «me alegra estar contigo / verte» en lugar de apelar a «te veo guapa / más delgada / bien»? No apelemos a las apariencias, sobran: no tenemos ni idea de qué monstruos carga consigo cada persona y cualquier adjetivo puede desatar una guerra interna.

Luego, todo sigue con la comida. ¿Y si, más allá de gustos, no podemos comer nada de lo que han puesto en la mesa o han decidido que será el plato principal porque nuestro organismo no puede digerirlo o no le sienta bien? Nos dirán que comamos, nos preguntarán por qué no tomamos nada, si es que acaso no nos sentimos bien... ¿Qué necesidad hay de hacernos pasar un mal rato y señalarnos delante de todos? Puede que no tengamos la confianza -ni es de buena educación- decir una ristra de verdades incómodas.

Podemos intentar protegernos informándonos del menú de antemano, estableciendo algún tipo de alianza con alguna persona en relación a qué comeremos y en qué cantidad y qué no, una palabra en clave para cuando nos pueda la ansiedad y necesitemos un respiro y ausentarnos un tiempo... Nada será suficiente, tampoco los ansiolíticos. Intentemos poner todos de nuestra parte y seamos cautelosos, empáticos, sensibles. Pongámoslo lo más fácil posible para que nuestras palabras y comportamiento sean el abrazo real que queremos transmitirle al otro.

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