¡Salt Bae ya está aquí!

Los ibicencos podemos estar felices y contentos porque estamos a punto de incorporar a un nuevo personaje a la fauna de individuos pintorescos que pululan por la isla y que tanto contribuyen a extender nuestra fama hasta la estratosfera. ¡Salt Bae ya está aquí! El musculado chef turco, una celebridad mundial desde el día en que publicó en las redes sociales un vídeo echando sal a un filete con la mano en forma de cobra, ya ha difundido fotos de su nuevo proyecto en Ibiza, iniciando la cuenta atrás para hacerlo realidad.

Su iniciativa, extraordinariamente original, consiste en erigir una manzana de apartamentos de lujo en la milla de oro de la ciudad y una nueva embajada de su cadena de restaurantes, donde se servirán magníficos solomillos y entrecotes, que, gracias a ese famoso toque especial de antebrazo en el instante de condimentarlos, se revalorizarán hasta alcanzar precios astronómicos. Esta gente capaz de monetizar hasta la más insignificante memez es digna de admiración y, sin duda, constituirá otro espejo en el que podrán reflejarse las nuevas generaciones de ibicencos en busca de inspiración.

La noticia es doblemente reveladora, porque, además de ilustrarnos sobre este nuevo negocio, nos descubre el significado de aquella entrañable fotografía que se tomó en Can Botino hace ahora dos años. En ella aparecía el famoso cocinero de la coleta, con sus gafas de sol redondas y su perilla royale, junto a sus nuevos “amazing friends”, como él mismo los bautizó en las redes sociales; o sea, el entonces alcalde, Rafa Ruiz; el presidente de la UD Ibiza, Amadeo Salvo, y los abogados José María Costa y Julián Aguilar.

Salt Bae, un apodo que significa algo así como “chico de la sal”, en realidad se llama Nusret Gökçe y planea abrir su negocio ibicenco en la penúltima manzana que quedaba disponible en la superficie comprendida entre las rotondas de los podencos y Talamanca, la Avinguda 8 d’Agost y el Passeig de Joan Carles I, tal y como mostro él mismo en un vídeo, con el ‘Tú quieres volver’ de los Gipsy Kings como banda sonora. El edificio tendrá cinco plantas, con lujosos áticos con piscinas y una amplia zona ajardinada con terraza en la planta baja, que también albergará el restaurante.

Se extenderá a lo largo y ancho de toda la manzana, salvo el minúsculo rectángulo que ya ocupa la Casa del Mar, con el Ibiza Gran Hotel al este y un nuevo edificio de apartamentos ya construido al oeste. Los planos también exhiben el torrente de sa Llavanera, presentado como un grácil riachuelo de agua cristalina, y no como la pestilente ciénaga que es en realidad. Pero la magia de Salt Bae todo lo puede y a buen seguro que el chef desplegará algún encantamiento para evitar los efluvios que desprende tras las tormentas a unos clientes capaces de pagar 2.000 euros por un bistec condimentado y laminado con su agilidad felina.

Salt Bae, como se suele decir, es un hombre hecho a sí mismo. Hijo de un minero que emigró a Estambul para huir de la miseria, tuvo que dejar los estudios para ayudar a la familia, transformándose en carnicero y cocinero. En 2010 abrió su primer restaurante y hoy posee 24 establecimientos repartidos por el mundo (Turquía, Arabia Saudí, Grecia, Gran Bretaña. Emiratos Árabes, Qatar y Estados Unidos) y planea abrir otros doce en ciudades como Buenos Aires, México, Sao Paolo, París, Madrid, Milán, Hong Kong, Shanghai, Tokio, El Cairo, Tel Aviv e Ibiza. Siempre anda acompañado de un séquito de cuatro personas, que graban absolutamente todo lo que hace, con el objetivo de subir contenido a sus perfiles sociales, donde abundan fotos y vídeos con los famosos que acuden a sus locales.

El chef turco, sin embargo, es un personaje no exento de polémicas. “Este hombre es una plaga”, dijo de él Gary Lineker, exfutbolista y comentarista de la BBC, cuando el pasado diciembre se coló en el campo de fútbol donde Argentina celebraba su victoria en el Mundial de Qatar. Allí trató de forzar a Lionel Messi a hacerse un selfie y se dedicó a manosear la copa, algo que está terminantemente prohibido, ante las cámaras de televisión que transmitían el evento al mundo entero. Quedó retratado como el plasta más internacional del momento y, aunque dijo que no lo volvería a hacer, la FIFA acabó prohibiéndole acceder a ningún partido del Mundial de 2026 en México, Estados Unidos y Canadá.

En fin, otra perita en dulce que sumar a la horda de megalomaníacos que desembarca cada año en Ibiza y que a los ibicencos nos hacen sentir como si no viviésemos en nuestra querida isla, sino en Marte. Este lujo de cartón de piedra, que se expande por la isla como una plaga bíblica, ya cuenta con otro profeta y nosotros con una nueva penitencia.

@xescuprats

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