Mirábamos temblar

Tengo el alma asomada a la ventana por si ve pasar alguna atolondrada golondrina; por si acaso a Bécquer se le escapó una de sus oscuras golondrinas del poema y anda revoloteando perdida como esos versos sueltos que tanto gustan en política.

La izquierda militante y mediática anda por ahí haciendo el cherry picking, o sea, recolectando cerezas. Están dando unas mañanas de gloria en tertulias y programas de infoentretenimiento. La estrategia de elegir cerezas consiste básicamente en coger las noticias o los datos que te dan la razón y más se acercan a tu postulado. También se conoce en el argot periodístico como una falacia, es decir, usar un argumento incorrecto pero psicológicamente persuasivo y propagandístico. Expertos recolectores de cerezas a la hora de presentar ideas que son falsas como ciertas.

Será que es verano y anda media España subterránea, la otra mediterránea. Será por eso que volvemos al expolio fiscal, al daño que hacemos a Cataluña. A vueltas con el catalexit delirante.

Es verano profundo y aun así caminamos pesadamente por la vida, como por el barro; y la explicación es que ha caído entre los políticos un telón de silencio. Se escriben cartas, pero a duras penas se soportan y me asombro ante el deplorable respeto que se tienen y nos tienen. Van por ahí desflorando la gloria, pisando las margaritas de la sagrada convivencia, poniendo espinos en el único camino que retorna a la libertad para hacernos imposible recitar una oda a las flores.

Van por ahí llamando enfermedad a la discrepancia y la conciencia; declaran que no tenemos sentido político; nos empujan a callejones lúgubres donde se dan toda clase de pujas y navajeos. Han instalado un mercadillo de ideas, un circo ambulante. Sólo se oyen birimbaos y bombos. Un ejemplo entre los variados delirios pasados del catalexit hay uno no menor e indicativo de la deconstrucción de la realidad histórica: Artur Mas firmó de forma solemne el decreto para el 9-N con una pluma estilográfica que fue enviada con honores al Museo de la Historia de Cataluña, ante la previsión de que iba a ser expuesta en el futuro.

Me encantaría ver la gloria bajo esta forma de hacer política, pero hasta los que escribimos estamos estos días sin aire, y claro la mala literatura hace la mala política. Llevamos meses de espera y asfixia en los que una acaba teniendo la extraña sensación de que todo está enterrado bajo las hojas muertas del entendimiento. Nos quieren desarmados de ilusión, inconscientes, pues si uno está inconsciente no piensa. Es como si media España estuviera en Babia y la otra media subterránea. Es como si quisiera romper conmigo misma. Algunos días pinto, otros escribo. El mar es un gran sueño maternal. Pero... ¿y el verano? Los castillos no tienen ninguna influencia electoral, el verano en cambio influye mucho en el ánimo; el verano es una incógnita; es una fábrica de rupturas y es cuando se lee inmensamente.

El verano es más profundo cuanto más transitan por él los moralistas de cartón piedra que le han salido a España por el norte. Otra vez la pereza, el clima de confusión, la cantata de la sujeción colonial y la dominación extranjera.

Otro ejemplo para los coleccionistas de estrambotes derivados del procés soberanista: los participantes en la cadena humana que tuvo lugar en 2013 fueron contados uno a uno a través de una gigafoto que analizó las 107.000 imágenes proporcionadas por la propia Asamblea Nacional Catalana.

Los recolectores de cerezas son buenos haciendo el trabajo de separar, dividir y romper. Lo dijo Otegi, España tiene que romperse. Los independentistas catalanes ya intentaron separar Cataluña de Cataluña porque jamás aceptaron con sinceridad la pluralidad de sentimientos de los catalanes no independentistas.

Ahora el PSOE les brinda una más que sólida argamasa para que echen a volar de nuevo las oscuras golondrinas en forma de vía unilateral.

¡Aquellas, sí volverán!

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