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Opinión

Un máster de Lazarillo cada verano

Hay que ver cómo se las ingenia la gente para ganarse los cuartos. La tontada esa de que Ibiza es la isla de la libertad solía matizarse de inmediato con un ‘claro, pero desde el respeto’. Otra perogrullada que en cualquier sociedad civilizada sobra pero que aquí tenemos que subrayar. Viene el tema a cuento del reportaje de Marta Torres sobre las clases de yoga, fitness (el entrenamiento de toda la vida pero traducido al snobismo) y de todo tipo de actividades que proliferan en la isla. Aprovechando la bondad del clima y de los residentes, y la ausencia abrumadora de policías, son legión los que organizan todo tipo de eventos (hasta rituales de sanación, ‘virgensanta’) al aire libre, ocupando porque soy así de guapi un espacio que pertenece a todos y que, desde el momento en que toman posesión de él, se convierte en zona reservada. Porque claro, a ver quién tiene los arrestos de interrumpir una clase de meditación o yoga, que te corren a alfombrillazos. Tampoco puedes pasear al perro (quien lo tenga) o a los niños (quien los tenga también) si el paseo o el parque está tomado por bodies sudorosos. En resumen, que esta isla es una estupenda escuela de lazarillos y que deberíamos explotarlo: escuela de Turismo, de Hostelería y de Lazarillo. Tendríamos todo el espectro veraniego cubierto. Luego dicen que sólo critico y no aporto nada...

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