Opinión
Obras a discreción
Pese a que vamos a llegar a la campaña electoral completamente saturados, incluso con una indigestión por este exceso de precampaña con que se nos bombardea a diario desde hace semanas, sí podemos hallar un aspecto positi-vo en la sobredosis de protagonismo de la clase política: su imperiosa necesidad de terminar la oleada de obras que asola la isla. Si no fuera porque hay elecciones, esta pesadilla se eternizaría y seguiríamos inmersos en un purgatorio de carreteras colapsadas por renovación de asfalto y quitamiedos, y plazas y calles intransitables por peatonalizaciones, actualización de aceras, renovación de canalizaciones, sustitución de mobiliario urbano, etcétera.
Gracias a la necesidad que tienen los políticos de inaugurar las obras que han emprendido durante su mandato antes de que se les imponga el periodo de silencio electoral, tratan de rematar todo lo rematable y, si no se llega, inaugurar aunque sea con la obra a medias.
Hasta ahora, sin embargo, los ciudadanos hemos venido padeciendo las consecuencias de este abigarramiento constructivo, que ha generado un sinfín de molestias e inconvenientes. Ejemplos de ello son los retrasos disparatados en el transporte público, ya de por sí deficiente en condiciones normales; la imposibilidad de llegar al aeropuerto desde el sur de la isla si no se conocen los atajos y caminos terciarios que atraviesan el Pla de Sant Jordi, el colapso de los centros urbanos de distintas localidades, etcétera.
Poco a poco, todo irá volviendo a su esencia, con algunas mejoras útiles que harán que la espera incluso haya merecido la pena. Todo salvo el aeropuerto, claro, que va camino de batir todos los récords de incompetencia en materia de planificación constructiva. Llevamos soportando el caos generado por las obras de sus nuevos aparcamientos desde diciembre de 2020; es decir, dos años y medio, y sus directivos aún son incapaces de decirnos cuándo volverá la normalidad. De momento, les queda más de media obra y únicamente han manifestado que los trabajos como mínimo durarán todo este año, temporada turística incluida, y no se atreven a pronunciarse acerca de cuándo podrá vol-verse a la normalidad. Es decir, van a necesitar como mínimo cuatro o cinco años para construir unos edificios de aparcamientos.
Hemos visto que, cuando hay urgencia, se erigen hospitales en unos pocos meses, pero AENA parece no tener nunca prisa y, a tenor de lo visto y lo vivido, le importan bien poco la imagen que la isla proyecta al mundo –a través de la experiencia que viven los turistas que aterrizan en lo que parece una zona de guerra– y el confort de los ibicencos que utilizamos estas instalaciones, que somos la inmensa mayoría.
Lo peor es que lo nuevo que por ahora se ha hecho y testado, como el famoso parking exprés, solo cabe calificarlo de insólitamente chapucero. Se arman colas en la barrera de salida, provocando a veces que la gente supere los diez minutos gratuitos mientras espera. Así que tienen que bajar a pagar el ticket, paralizando a los que tienen detrás. Los vehículos que estacionan en esta zona, además, tienen que hacerlo en batería en vez de en fila, como en todos los aeropuertos donde rige la normalidad y la coherencia, de tal forma que a la hora de maniobrar para salir de su plaza acaban invadiendo los carriles de circulación, provocando atascos. Incluso acaban produciendo golpes en los coches que se detienen detrás de ellos para dejar bajar algún pasajero. La originalidad de los planificadores de estas intervenciones aeroportuarias no tiene parangón. Como esa cafetería situada en mitad de los carriles de acceso a la terminal, que ahí sigue cerrada a cal y canto, improductiva y molesta, como un monumento al despropósito.
Y mientras se ha desatado este desastre en la terminal, ni tan siquiera se han tomado la molestia de señalizar de manera suficientemente visible dichas obras y las nuevas entradas provisionales al aparcamiento regular, provocando que la gente se pierda y salga del recinto echando pestes. Y mira que es sencillo. Incluso se mantiene cerrado y convertido en parking de motocicletas uno de los dos carriles de acceso al parking exprés, provocándose un incomprensible cuello de botella que podría solucionarse en cinco minutos y que, como no se remedie de cara a la temporada, va a generar colas en los accesos que van acabar llegando a la rotonda de La Ponderosa o peor.
Excusas tienen a porrillo: que si los yacimientos arqueológicos encontrados, que si la crisis de suministros… Exactamente la misma falta de materiales y los mismos hallazgos que han sufrido muchas otras obras realizadas en la isla y que, sin embargo, no se han eternizado de esta manera lamentable. Ahora dice el Govern que hablará con AENA para minimizar el impacto visual de las obras. Lo que debería hacer es llamar a Madrid y pedir que rodaran cabezas.
@xescuprats
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