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Pilar Ruiz Costa

Una ibicenca fuera de Ibiza

Pilar Ruiz Costa

Todo a la vez en todas partes

La gran triunfadora en la última edición de los Óscar —que no sorpresa— fue la extravagante ‘Todo a la vez en todas partes’. Una película multiverso y multigénero —literalmente, según Filmaffinity «Comedia, Acción, Ciencia ficción, Cine Fantástico, Familiar, Artes marciales y Viajes en el tiempo»—. La protagoniza Evelyn, una inmigrante china que regenta una lavandería que descubre que cada pequeña decisión tomada a lo largo de la vida crea un universo que se ramifica. Un sinfín de universos alternativos que tiene que salvar de las garras de la villana Jobu Tupaki mientras trata de mantener a flote su matrimonio, la relación con su hija y salir bien parada de una inspección de Hacienda.

Esta chaladura interdimensional se llevó siete estatuillas, incluyendo las más cotizadas: mejor película, dirección, actriz y actriz y actor de reparto. Este último, Ke Huy Quan, por su papel de Waymond, el cándido marido de Evelyn. Quan, al que todos conocimos de niño cuando Spielberg lo eligió para acompañar a Indiana Jones en el templo maldito en el entrañable papel de Tapón. Enseguida llegarían ‘Los Goonies’ y después, como tantas otras veces… el olvido de Hollywood. Emocionado, Óscar en mano, dijo: «Mi viaje empezó en un barco. Pasé un año en un campo de refugiados y de alguna manera… terminé aquí. Dicen que historias como estas solo ocurren en las películas».

Porque Quan con tan solo 8 años fue uno de los más de un millón de los llamados ‘boat people’ (inmigrantes en barco) que huyeron de la guerra y destrucción de Vietnam del Sur en los 70. Muchos no sobrevivieron al viaje, deshidratados, ahogados o a manos de los piratas. Otros, como la familia de Quan, acabaron en campos de refugiados como el de Pulau Bidong, en Malasia, del que se dice que fue el lugar más densamente poblado del planeta con 40.000 personas hacinadas en un área poco más grande que un campo de fútbol.

Mientras, a la vez, en otra parte, el primer ministro británico, Rishi Sunak —de padres descendientes de indios punjabíes que se encontraban entre los cientos de miles que emigraron a Kenia y Tanzania en la década de 1930 y a Reino Unido en los 60—, utiliza como eslogan ‘Stop the boats’ (Parar los barcos), anunciando la deportación inmediata de todo aquel que llegue al país ilegalmente. La ministra del Interior Suella Braverman —de padres inmigrantes procedentes de Kenia y Mauricio— presentaba el proyecto de ley como «robusto y novedoso». Los refugiados y solicitantes sin «un país seguro» al que ser devueltos, se enviarán a Ruanda. Esta «Primera asociación mundial para hacer frente a la crisis migratoria» que el proscrito Boris Johnson acompañó de 120 millones de libras como pago a Ruanda que se iría ampliando a medida que lleguen refugiados.

La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) ha publicado un comunicado donde se muestra «profundamente preocupada» por esta clara violación de la Convención de Refugiados que reconoce explícitamente que los refugiados pueden verse obligados a entrar en un país de asilo de forma irregular.

Mientras, a la vez, en otra parte, el mismísimo fin de semana de los Óscar, la inhumanidad se daba cita en un karaoke donde la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el ministro de Infraestructuras y Transportes, Matteo Salvini, cantaban apenas un día después de que Meloni organizara un consejo de ministros en Cutro, la pequeña localidad donde se produjo el pasado febrero el naufragio de una barcaza con cerca 200 migrantes procedentes en su mayoría de Afganistán, un país que sufre una de las peores crisis humanitarias tras la vuelta de los talibanes al poder. Meloni —a la que la Fiscalía investiga si hubo omisión de socorro cuando los guardacostas no acudieron al rescate alegando inclemencias meteorológicas— y Salvini —juzgado por secuestro y denegación de documentos oficiales por el bloqueo de 147 migrantes en el Caso Open Arms en 2019 cuando era ministro del Interior— eligieron interpretar apasionadamente ‘La canzone di Marinella’, que narra la historia de una emigrante de Calabria que murió ahogada.

Y mientras, a la vez, en otra parte, en el escenario de los Premios de la Academia, otro milagro: Halle Berry hacía entrega a Michelle Yeoh del Óscar a la mejor actriz. La primera mujer negra en ganar el galardón se lo entregaba a la primera mujer asiática. A pesar de las 95 ediciones del Premio. Yeoh lo recibía diciendo: «Para todos los niños y niñas que se parecen a mí, esto es un faro de esperanza y posibilidades».

Posibilidades… ¡Cómo no creer en multiversos! Que en algún lugar el azar nos coloca en un barco huyendo; antes de Vietnam, ahora de Afganistán. Y que en un universo paralelo somos ese actor que triunfa o ese político emigrante que cierra la puerta tras de sí, o que la abre brindando la oportunidad de alcanzar la gloria o… una vida.

Como le dice Waymond a Evelyn en la película: «Subestimas el poder de una nimia decisión para causar diferencias a lo largo de una vida».

@otropostdata

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