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José Miguel L. Romero

Demasiado ruido en Fitur

En Fitur hay mucho ruido. En todos los sentidos. Los decibelios aumentan conforme avanza la mañana, llegan los exhibidores y los profesionales, los estands ponen música a tope (o albergan conciertos) y todos alzamos la voz para hacernos entender. El diseño de las naves tampoco ayuda a amortiguar lo que, en horas punta, es un fenomenal follón. Por eso sigue siendo incomprensible que se programen determinados actos en las estruendosas naves de Ifema, cuando lo aconsejable sería hacerlo en un ambiente más relajado y, a poder ser, silencioso. Por ejemplo, para que el heavy que se emite desde el estand de Arganda del Rey, a 30 metros, no te fastidie la escucha en primicia mundial de un delicado tema orquestado y con pianito. O para que sea posible escuchar a los ponentes de las mesas redondas, aunque, la verdad, poco sentido tienen actos como este cuando el público es parroquiano. Algunas administraciones acertaron al trasladar sus presentaciones a espacios ajenos a ese recinto y menos hostiles para los oídos. Y luego está el ruido informativo. Hay muchos actos, demasiados datos, innumerables estands… Hacerse notar es difícil, conseguir que tu mensaje cale (y cuele), aún más. Se perpetúan actos (año tras año, feria tras feria) de nula eficacia y que suponen un despilfarro de fondos públicos. El Govern, sobre todo, debería meditar para qué va a las ferias.

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