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Opinión | Tribuna

¿Uno de los nuestros?

Sencillo como: «Mariano, yo ya no sé si soy de los nuestros» (la frase es literal y, como siempre, respeto mis fuentes). Se me escapa por qué no se puede ser crítico con los que son/han sido/fueron/serán tus propios. Al fin y al cabo, es un simple ejercicio de autocrítica y la capacidad de ser sincero y vislumbrar antes la viga en el ojo propio que la paja en el ajeno.

Siempre he advertido que la juventud (divino tesoro) acabaría con los partidos políticos. Advertido, pero no escuchado, visto lo visto. Jóvenes, con mayor o menor formación, que encuentran en las formaciones políticas su propio Servicio Público de Empleo. Afiliados a una bolsa de trabajo desde la adolescencia que, a medio o corto plazo, les proporcione un puesto de ¿trabajo? Los electores deberían conocer que existe una cuota obligatoria para incluir a miembros/as de Nuevas Generaciones y Juventudes Socialistas en cada lista electoral. Desconozco si esta cuota juvenil es general en todos los partidos. Es como la paridad obligatoria por ley, pero, en este caso, una autoimposición de adolescencia consciente o inconsciente.

Ejemplos hay muchos, desde alguna diputada en el Parlament balear salida de la recepción de un hostal (desconozco su actividad parlamentaria, pero imagino que es ninguna, como lo fue su actividad en su cargo ‘digital’ y ‘heredado’ del anterior gobierno en el Ayuntamiento de Ibiza) hasta candidatos a alcaldías colocados en entidades bancarias o profesores interinos de gimnasia (la ‘oveja Dolly’ y el original clonado). Madrid fue el mejor ejemplo de esa lucha prepúber (mentalmente hablando) que casi acaba con su propio partido.

El problema no es la juventud, sino que esos jóvenes y sus ‘padrinos’ (en el mismo sentido del título de este artículo) desvirtúan la esencia pura de sus partidos y, en su obsesión por agradar, no solo no respetan los principios ideológicos de sus formaciones políticas, sino que ni siquiera saben a quién defienden o qué ideología tienen.

Me encantaría ver, a preguntas de algún compañero de profesión, cómo los candidatos definen lo que es ‘semocracia liberal’, según los estatutos de su propio partido (pista: preámbulo) o los principios que inspiran a la organización de su formación política (pista: artículo 3), porque, de saberlo, eso significaría que ambos ineludiblemente son reflejo de su propia organización e ideas. Es el clásico ‘predicar con el ejemplo’, dice uno de esos principios políticos. Salvo que lo que, actualmente, presentan los partidos políticos a los comicios electorales de 2023 de Vila y los tres municipios restantes (salvo a Santa Eulària) no son un ejemplo de nada ni para nadie.

Así que no os preguntéis si el firmante era/es de una formación política u otra. Son ellos los que ya han dejado de ser los míos. Y, de cara a las elecciones municipales y autonómicas del 2023, solo tengo una recomendación para los vecinos de Ibiza, sean de los míos o de los otros: «¡Al suelo, que vienen los nuestros!».

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