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Opinión | Tribuna

Quo vaids Ibiza/Eivissa/Ervissa?

Las elecciones de mayo del 2023 se presentan como una distopía propia de Netflix. Pero mi madre no entiende de distopías ni creo que sea abonada a Netflix y, salvo sus grupos familiares en Facebook, tampoco tiene redes sociales. Así que le hablaré a ella y a quienes, como ella (mayores de edad -de los que somos deudores por su ejemplo, su esfuerzo y trabajo-, sin distopías, ni Neflix, ni redes sociales salvo para hablar con los suyos), deban escoger una papeleta el próximo mes de mayo para elegir a sus presuntos representantes en las seis instituciones de su isla natal o de adopción. Son cinco municipios y un Consell, son cinco opciones y una derivada, son cinco sinsentidos y un rebote. Sin siglas ni nombres, seamos respetuosos.

Seguramente, mi madre no entienda por qué Vila ha dejado de ser Vila. Probablemente, mi madre no comprenda por qué no puede pasear por la avenida de Isidor Macabich ahora, después de sesenta años, mientras el Ayuntamiento publicita que es para hacer “una ciudad más moderna y centrada en los peatones”. Hay que tener la cara de cemento armado para decirle eso a mi madre. A ella y a todas las madres. Mamá, es una cuestión de tiempo… de cemento y tiempo. Esas obras tenían que estar acabadas para cortar la cinta antes de las elecciones distópicas -tú las llamarías estúpidas- antes de mayo de 2023.

La sorprendente respuesta de la oposición es presentar a un homónimo, retoño, genéticamente idéntico a lo actual, una oveja Dolly. ¿Será para confundir a mi madre y a su generación con el nombre? Mamá, para algunos, sacar un candidato en Vila es más difícil que ganar el Euromillón y, por eso, algunos se conforman con la pedrea y así les fue en 2011.

Sant Antoni y Santa Eulària, probablemente sean listas ganadoras. Sin oposición todo es más fácil. En el primer caso, sin demasiado mérito o capacidad y reconozco un cariño especial hacia Santa Eulària, en el fondo y en las formas. ¿Sería secesionista pedir la capitalidad de la isla para Santa Eulària? Mamá, empadrónate en Santa Eulària.

Sant Josep es para hacérselo mirar. El actual partido en el poder tiene un alcalde valorado y que gestiona los asuntos municipales medianamente bien -eso en política es un “progresa adecuadamente”-, pero, sorprendentemente, parece que no será el candidato. Para ver cosas, hay que estar vivo. Los problemas internos/externos del actual partido en el gobierno son problema suyo, pero dan alas a un candidato/opositor cuyo argumentario/conocimiento político y académico es de primero de la Educación General Básica. Mamá, es como cuando pasé del parvulario al colegio, para que me entiendas.

Sant Joan. ¡Ay, madre! ¿Y cómo te explico esto? Imagina que mi compi-colegui del cole -Consell Insular- un día decide irse a jugar con los niños de Sant Joan y hacen un equipo en contra del mío. Y ni yo ni el director del colegio (que está desaparecido, porque sueña con irse a la Puerta de Alcalá), somos capaces de pegar un golpe en la mesa. Piensa, mamá, que es el bastión de un determinado partido. Solución: presento a un/a candidato/a que ‘conecta’ con los jóvenes de 20 a 40’. Te digo que el otro conecta con los jóvenes de 20 a 70 y tantos. ¿Tú lo entiendes? Porque yo no. Y el/la César dirá. “Prefiero ser el primero aquí, que el segundo en Roma”. Pero se irá a Roma. Mamá ¿cuál es la distancia de Roma al Parlament balear?

Mamá, llegamos a la bola negra en la esquina derecha. Un Consell Insular que se ha dedicado sistemáticamente a tirar los votos municipales por inacción de dos presidentes, uno ocupado a no sé qué y el otro soñando con la Puerta de Alcalá -ahí está, ahí está-, y gobierna un número dos muy conocido en algunas redes sociales (incluso en viajes oficiales) y que debería dar más de una explicación a los pageses minoritarios por su política territorial. Y mientras el otro partido presenta un candidato salido del Pleistoceno.

Mamá, votar es voluntario, pero debería ser una obligación. Mi consejo: abónate a Neflix. Te divertirás más.

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