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Albert Saez

Rebote

Impresionante despliegue de Helena López, Patricia Martín, Guillem Sánchez y Elisenda Colell con motivo del Día internacional de la erradicación de la violencia contra la mujer, 25-N. Empiezan con los datos: los delitos sexuales cometidos por menores se duplican en cinco años. O sea, que en las franjas de edad en las que deberíamos tener los mejores indicadores como consecuencia de las políticas escolares de prevención en la última década, estamos empeorando. Se van a los institutos a hablar con los adolescentes sobre las causas: «No se enseña bien, muchos lo vivimos como un ataque», dicen ellos. «Son negacionistas, los youtubers les proporcionan argumentos simplistas», dicen ellas. Aquí hemos identificado los que se los hacen llegar. Y encuentran consecuencias: uno de los primeros centros que aplicaron protocolos contra el machismo está cambiando de métodos como consecuencia de lo que han bautizado como el «efecto rebote», los jóvenes que se apuntan al machismo como reacción a las medidas en contra. Mientras, otro dato espeluznante: las denuncias de violaciones a mujeres ebrias se han multiplicado. Y acaban con la lista de las mujeres asesinadas por la violencia no erradicada durante el 2022.

La esfera digital ha hecho reverdecer a los días internacionales, inventados para poner el foco y la conversación en temas importantes que, a menudo, pasamos por alto. Su celebración provoca búsquedas de los usuarios y, en nuestro afán de servirlos y encontrarnos con ellos, generamos contendidos, especialmente cuando la causa que se promueve, como es el caso, coincide con nuestros propósitos. El trabajo de nuestros periodistas pone en evidencia la necesidad que tenemos de hacer algún leve retoque a las políticas contra el machismo. No hay excusa válida para justificar la pervivencia de las ideas que defienden los negacionistas. Pero lo que no nos podemos permitir es ninguna grieta en esta lucha, de manera que, aunque no nos guste, hay que replantearse la táctica para mantener la estrategia.

Dos asuntos a considerar. Primero: la prisa, a menudo, nos lleva a identificar un derecho con una ideología. Las etiquetas generan adhesiones más rápidas pero menos consistentes. Quienes no quieren identificarse con la ideología, niegan el derecho. Segundo: los hijos nunca quieren vestir como los padres, o sea, que convertir un derecho en una moda a base de postureo lo marchita. Lo que estamos viendo estos días en la política, donde ahora sabemos que el 65% de las mujeres sufren violencia como la que ha padecido estos días Irene Montero, no es más que un grupo de espabilados sin escrúpulos que quieren convertirse en el partido de los rebotados. No se lo pongamos fácil. Las mujeres, como el resto de seres humanos, tienen derecho a la vida y a vivirla sin ninguna forma de violencia. Y esto hay que interiorizarlo como parte del acervo democrático, no como una lucha ideológica. Ese es el reto.

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