Opinión | Tribuna

Ya hemos perdido: histórica o ‘queer’, la división que debilita el feminismo

Desolada”, “nos están partiendo, dividiendo”, “haciéndonos más débiles… al colectivo feminista y al LGTBI porque ahora estamos centradas en pelear entre nosotras más que contra el machismo”, “ahora nos están quitando cuotas de poder porque ya no sumamos, somos polémicas y no interesamos”, “lo bien que les va (a ellos) el debate de locas vs maricones”. Todos estos entrecomillados pertenecen a mujeres progresistas que están absolutamente indignadas por cómo se está gestionando la conocida como la ‘ley trans’, una polémica que está siendo aprovechada por los sectores más reaccionarios para dividir al movimiento feminista en dos bandos: histórica o ‘queer’. Pues mujeres, ya hemos perdido.

Año 2018, el feminismo español vuelve a liderar las reivindicaciones del colectivo a nivel mundial. Medios de comunicación de todo el mundo se hacen eco de la primera huelga general de mujeres, “si nosotras paramos, se para el mundo”. Desde la capital hasta los pueblos más pequeños de todo el territorio, unidas para luchar contra las desigualdades que las mujeres sufrimos por el hecho de serlo: salarial, laboral, cuidados, violencias, cosificación… micro y macromachismos que suponen barreras vitales respecto a los hombres. Aquellas marchas dieron mucho miedo, la estructura social heteropatriarcal se tambaleaba por los gritos de unas mujeres que no estaban dispuestas a esperar más; porque ya sabemos que los temas de la igualdad suelen ser relegados por otros que el sistema machista califica de más importantes: como las crisis económicas o las sanitarias, obviando que en todas ellas las mujeres sufren más que los hombres.

A partir de ese momento, los poderes fácticos del machismo se revuelven a través de lobis bien financiados por colectivos conservadores para resignificar el movimiento y los conceptos feministas. Se populariza el concepto “ideología de género”, que según ellos quiere situar a las mujeres por encima de los hombres, tanto en poder como en derechos. Vox, como máximo estandarte político-institucional de este discurso, destruye todos los consensos políticos conseguidos y rompe los pactos de Estado. El resto de partidos conservadores se dejan llevar hacia esa corriente con diversos matices, pero sin negarlo con rotundidad.

Año 2022, se tramita la ‘ley trans’; una ley de ámbito nacional que pretende ser el paraguas jurídico nacional para lo que ‘de facto’ ya se hace en las comunidades autónomas. Y en el debate público las feministas empiezan a ser categorizadas en dos bandos: las históricas vs. las ‘queer’. La estructura machista aprovecha para poner toda la maquinaria en abonar la polarización en el debate y así, abandonar un debate sereno sobre cuestiones que en ningún caso ponen el foco sobre lo importante: que una mujer transexual es una mujer. A partir de ahí; los matices, qué pasa con los menores, qué pasa con las posibles disfuncionalidades de la ley, qué pasa con la violencia machista… son cuestiones que merecen un debate sosegado, pero sobre todo empático, intentando encontrar puntos de encuentro, sin exageraciones.

Este Gobierno ha hecho avances innegables en igualdad, la ‘ley del sí es sí’ o la subida del salario mínimo son dos buenas pruebas de ello, leyes que afectan al 50% de la población (siempre es bueno recordar que no somos ninguna minoría). Sin embargo, la narrativa colectiva está liderada por la rivalidad sobre la ‘ley trans’, cuyo impacto público es minoritario, y en cuya trastienda se esconden desde el machismo más recalcitrante, pasando por luchas de poder dentro del bloque de la izquierda o el nerviosismo por las próximas elecciones. Soy feminista, sin apellido. No caigamos en las trampas de los que nos quieren atrapadas en el chapapote de la división, de lo contrario, no les ganaremos nunca.

Verónica Fumanal Callau | Especialista en comunicación política

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