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Antonio Lorenzo Bustamante

Sant Antoni de Portmany: Ahora

La temporada pasada nos fue mejor de lo que nos pensamos” o “noté un cambio positivo y un salto de calidad en los clientes que nos visitaron”, son algunos de los mensajes que algunos hosteleros de Sant Antoni me han hecho llegar a lo largo de estos meses tras una temporada turística que fue inusual y muy insuficiente para la mayoría de empresas y trabajadores, pero en algunos otros casos mejor de lo que preveían y avistando nuevas oportunidades. Y es que, a pesar de los dos años tan terribles que hemos vivido en todo el planeta debido a la crisis sanitaria del covid-19, en el caso de Ibiza, a nivel turístico nos ha abierto una ventana que parecía imposible en lugares como Sant Antoni: otra Ibiza es posible y el cambio de modelo turístico en Sant Antoni no es una quimera.

El verano de 2021, finalmente, no fue un verano tan terrible como pensábamos y, a pesar de que la mayoría del ocio nocturno no pudo abrir sus puertas, fueron muchos los visitantes que vieron en Ibiza la oportunidad de vivir la experiencia de una isla más tranquila y donde disfrutar de otros de sus muchos puntos fuertes: la gastronomía, la cultura o algo tan sencillo y maravilloso como la tranquilidad.

Durante mis siete años como regidor de Sant Antoni de Portmany, he tenido que escuchar de la boca de algún que otro empresario del West End que “Sant Antoni es así y siempre será así”, expresión que me negaba a aceptar porque soy de los que siempre ha mantenido que, a pesar de que nuestro municipio es un lugar estupendo, podía serlo aún más, y que eso requería de varios factores a tener en cuenta para que el equilibrio entre convivencia y actividad turística fuera una realidad. El verano 2021 nos mostró que ese lado más tranquilo de nuestro municipio atraía también a muchos visitantes que hasta ahora no lo hacían tanto: más turismo nacional o de otros países en busca de experiencias diferentes que quizá habían pasado a un segundo plano durante los últimos años.

Y es que parece que el destino nos ha dado una nueva oportunidad para que Sant Antoni cambie definitivamente. Pero, lógicamente, los cambios no llegan solos, requiere que se trabaje en ellos con seriedad y siempre teniendo como referencia los intereses generales de la ciudadanía.

La modernización de la planta hotelera, que da un salto de calidad, y la experiencia pasada en el verano 2021, que nos demostró que otro turismo era posible y que además era también económicamente sostenible, debería hacernos reflexionar hacía dónde queremos ir. Sant Antoni debe dejar atrás definitivamente el turismo de excesos, que sigue siendo una realidad a pesar de que el alcalde, Marcos Serra, niegue lo evidente. Dejar atrás una oferta poco saludable en pleno núcleo urbano, que da más problemas que beneficios, motivar una diversificación de la oferta y establecer y hacer cumplir la normativa que motive ese cambio. Recuperar de nuevo el casco antiguo para los habitantes de Sant Antoni y que éste pueda complementarse, por qué no, también con la actividad turística.

Muchos de los portmanyins y portmanyines tenemos ese sentimiento de ‘ahora o nunca’, de aprovechar la oportunidad que se nos ha brindado por delante y que muchos deseamos.

Recientemente, el Govern de les Illes Balears ha anunciado una inversión de 3 millones de euros para Sant Antoni provenientes de los fondos europeos, concretamente para la zona decretada zona de excesos y que corresponde al West End. Una oportunidad de remodelar este barrio y ofrecer una cara más correcta, tanto a residentes como a turistas. Pero dicha inversión no servirá de nada si no se aplican las normas que motiven el cambio de modelo turístico tan esperado. De no producirse, no servirá de nada y tendremos un West End urbanísticamente renovado por fuera y con los mismos problemas por dentro. Pero si nos ponemos a ello, habremos comenzado un nuevo destino para el casco antiguo de Sant Antoni donde poder vivir y disfrutar a la misma vez. Es ahora o nunca.

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