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Daniel Martín

El púlpito

Daniel Martín

Sonrisas

Por las mañanas cuando me levanto me gusta abrir las ventanas de la casa donde vivo. Se renueva el aire, entra la luz y los olores del día que comienza, se escucha la lluvia cuando levemente rompe contra el suelo, llegan los cantos de los pájaros o las charlas de los viandantes, nos abre al mundo inmediato que nos rodea. Es bueno, del mismo modo, abrir una ventana que nos airea, lanza al mundo y mitiga un poco nuestra soledad: una sonrisa. Una persona que sonríe se obliga a ofrecer una versión mejorada de sí mismo al resto y provoca, en general, esa misma respuesta en el que lo mira. Siendo consciente de que hay diferentes tipos de sonrisas, en este caso me refiero a la sonrisa sincera, honesta y franca. Me refiero a la sonrisa educada y valiente, que no tiene miedo de no esperar lo mismo de los otros. La sonrisa que nace de una conciencia profunda de la novedad del propio día que toca vivir. La sonrisa agradecida de que, pese a todo, seguimos adelante. Un poco como esas sonrisas de los niños que confían en sus padres, o la de esos ancianos que ya se saben al final del nuevo inicio de la vida. Esas sonrisas provocan la sensación de estar en el hogar, de sentirse en casa pese a todo, de saberse amados en lo que cada uno es. Quizás el cielo sea algo así, una sonrisa eterna de amor sincero, que nos haga sentirnos para siempre en casa junto a los que nos quisieron. “De los que son como ellos, es el Reino de los Cielos”.

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