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valentin villagrasa

desde la mola

Valentín Villagrasa

El modelo

La tentación del político (por decir algo, aunque no sea verdad absoluta) es tender a trasladar a lo cotidiano ideas, proyectos o crear modelos de... léase aquí cualquier sector concreto. Viene a colación porque en los últimos tiempos es habitual, además del covid, de los chiringuitos, de las hamacas y otros etcéteras que no caben en una crónica apresurada, hablar del modelo turístico. Especialmente después de Fitur, que marca el pistoletazo de salida a informes de lo pasado (mejor no recordar los dos últimos años) o de un futuro incierto, pero que se ve con optimismo a medida que las reservas aumentan a un ritmo adecuado. Me dicen que un 19% respecto al 2019. Muchas veces nos encerramos entre unos límites geográficos muy concretos y los muros no nos dejan ver lo que sucede en otros lugares que, a veces, pueden aportarnos datos interesantes para un conocimiento más amplio de un sector básico en nuestro PIB. El domingo, sin ir más lejos, tocó en este recorrido por la península, especialmente por la España Vaciada (que está de moda) ir a La Alberca (Salamanca), que fue el primer pueblo declarado Conjunto-Histórico allá por 1940. Ergo un pueblo a visitar y que ha mantenido su fisonomía para un turismo que ha ido creciendo hasta la saturación en algunos momentos. La sensación (subjetiva) era que había mucha gente. Incluso que era molesto, sin ser agobiante. Todo aquí está dedicado a este tipo de turismo ocasional de fin de semana, que viene, visita, compra embutidos (estamos en zona de ibéricos) y se va. Llena restaurantes y bares (había colas y listas de espera). Las tiendas se suceden de un portal a otro y luego el siguiente. Se me ocurrió preguntar por el tema a un profesional de la hostelería en hora punta (a él sí se le veía agobiado ante la cantidad de ¡camarero!, de clientes sin paciencia). Cuando pudo me contestó la pregunta: “Ayer fue peor”. “No se le ocurra venir en Semana Santa”. Me cuestioné si esta localidad (no se la pierdan) se había planteado cuál era el modelo turístico que logre compaginar el atractivo en sí mismo y la economía local, con una cierta comodidad para el visitante. Era ses Illetes el 14 de julio (por decirle algo reconocible). ¿Tendrán que limitar el acceso a su núcleo urbano? ¿No permitir que se coma en las escalinatas del cruceiro o de la iglesia, por ejemplo?. Al final, con cierta resignación (cristiana por supuesto) pensé en lo difícil que es contentar a todos.

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