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Diario de Ibiza

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Manuel Campo Vidal

Frenético fin de año

Lo saben bien en notarías, parlamentos y en gestorías contables: el año acaba, pero parece que se acabe el mundo. Impelidos por la urgencia, se aprueban presupuestos, se facturan servicios y se alcanzan acuerdos a última hora que parecían imposibles dos semanas antes. Fíjense lo que se ha desatascado en pocos días: los presupuestos de Cataluña y los de Madrid, los del Ayuntamiento de Barcelona, los de España, que se esperan aprobar el día 28, y, sobre todo, la reforma laboral, que era imprescindible para que no se bloquearan las ayudas europeas.

La vicepresidenta Yolanda Diaz, apodada por Vox como «la ministra comunista del paro» ha conseguido un acuerdo con las patronales CEOE y CEpyme y con los sindicatos UGT y Comisiones Obreras. Un respeto. Claro que todos pagan tributo por el éxito, especialmente Antonio Garamendi y la vicepresidenta Díaz. Al presidente de la patronal lo critica por blando Sánchez Lliure, presidente de Foment, pactista acreditado, más los empresarios madrileños y los agricultores. A Yolanda se le han insurreccionado los independentistas de Bildu y Esquerra Republicana. Pero, por fin, hay reforma laboral; en consecuencia, si se piden bien, habrá fondos europeos y recuperación económica potente.

El año 2022 será tiempo de pruebas de estrés, en política y en economía. El Partido Popular de Castilla y León convoca elecciones autonómicas el 13 de febrero. Le viene bien a Pablo Casado -salvo catástrofe no prevista- para reafirmar poder ante Isabel Diaz Ayuso, la presidenta madrileña. Tendrá un coste: allí donde estaba Ciudadanos, incluida la vicepresidencia de la Junta, puede estar Vox. El portavoz de la formación de extrema derecha, Jorge Buxadé, lo anunció así al conocer la convocatoria por sorpresa: «La entrada de Vox en las Cortes de Castilla y León será brutal, brutal». Inquietante empobrecimiento del lenguaje.

En esas elecciones emergerá la España Vaciada. ‘Soria Ya’ aspira a un par de diputados de los 5 de esa provincia; lo mismo, ‘Por Ávila’, ‘León ruge’ y otras. Acaso puedan decidir gobierno; o a eso aspiran, aunque les haya pillado desprevenidos.

Económicamente, el test será recuperarse y conseguir fondos europeos. Están ahí, dispuestos, pero solicitarlos es un calvario. Susana Solís, eurodiputada de Ciudadanos, publicó recientemente un revelador artículo en El País. Pasó con su equipo dos días en la Junta de Andalucía -vale la experiencia para cualquier autonomía- identificando la treintena de documentos que deben rellenarse correctamente para que una pyme acceda a una ayuda de solo dos mil euros. Quedó impactada. Pide encarecidamente que Europa simplifique ese laberinto legal, o teme que desaprovechemos una parte de las ayudas.

Entretanto, la Generalitat ha cesado fulminantemente al mayor Josep Lluís Trapero, jefe de los Mossos, la policía autonómica. Se veía venir y han aprovechado el despiste del Covid y la Navidad para hacerlo. No se le perdonó que en el juicio a los líderes independentistas desvelara que tenía un plan para detenerlos si la proclamación de la República catalana seguía adelante. Ni tampoco se le deben perdonar esas fotografías en las que Trapero, de uniforme, saluda militarmente al Rey de España, que es el Jefe del Estado. Mientras el jefe directo de Trapero, el president Pere Aragonés, entra por otra puerta para que no se le vea saludar al Rey (lo saluda donde no hay cámaras), el policía cumple estrictamente el reglamento. Su rectitud evidencia la opereta protocolaria catalana. Y eso debe doler. Había que cesarlo. Por lo menos, por educado.

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