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Diario de Ibiza

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Rubén J. Palomo

La deshumanización del fútbol moderno

El fútbol moderno encarna a la perfección las consecuencias más extremas del capitalismo, entendido como un sistema que únicamente busca fructificar el dinero y obtener intereses, en este caso resultados. Bajo la realidad de repartir unas elevadas compensaciones económicas (en Segunda División el salario mínimo es de 80.000 euros) y como consecuencia de la impaciencia y la ambición a veces desproporcionadas, el fútbol profesional eleva a los altares o sepulta a sus trabajadores en función del rendimiento, las cifras, los goles, los fallos. Dentro de ese perverso sistema resultadista y deshumanizado, el entrenador es siempre la cabeza de turco. El blanco fácil sobre el que descargar todas las culpas. Juan Carlos Carcedo pagó este sábado con su puesto todas esas premisas de un negocio pérfido y déspota en el que, además, dos más dos no siempre son cuatro. El máximo responsable deportivo del primer ascenso a Segunda División en la historia del fútbol pitiuso fue depuesto tras caer ante el Sporting (0-2) y encadenar seis jornadas sin conocer la victoria. El equipo ha perdido efectividad y los partidos en Can Misses se han convertido en una moneda al aire, con cada vez menos goles que celebrar. Y eso en clubes como la UD Ibiza no se perdona.

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