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Diario de Ibiza

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Marta Torres

Los taxis de la basura

Cerca de casa hay una planta baja que funciona como prostíbulo. Tras sus paredes encaladas y su verja forrada de hiedra y buganvillas se esconde uno de esos infiernos de mujeres explotadas por las redes de trata y violadas continuamente por los puteros. En verano, por las mañanas, cuando, camino del trabajo, paro en ese stop, es raro el día que no hay un taxi parado en la esquina. O varios. Alguno llega cargado de energúmenos, casi siempre jóvenes y guapos, que llegan dispuestos a poner el broche final a la noche de fiesta. El cuerpo de una mujer como el último chupito. Otros recogen a esos mismos individuos después de la perversa fiesta. Los taxis de la basura. Hace años que la imagen de ese chalet de esa esquina de Platja d’en Bossa es indisociable de coches blancos con escudos de los ayuntamientos en las puertas y la lucecita verde o roja en el techo, esperando junto a la valla. Me gustaría pensar que desde esta semana no veré ninguno más. Que ahora que van a llevar carteles contra la explotación sexual de las mujeres van a dejar de llevar y recoger puteros de villas, casas y prostíbulos. Si no lo hacen, si no se niegan a llevarlos y recogerlos, estarán colaborando a la tortura de esas mujeres. Seguirán siendo los taxis de la basura. Por mucho cartel y pegatina que lleven.

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