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Navarro,-Cesar

Sa Llavanera, un fecal ejemplo

El Estado lleva décadas infrafinanciando a la Comunitat y, por extensión, a Ibiza y Formentera. Hay tantos casos flagrantes de falta de inversión que da pereza enumerarlos. Una lista tan larga como la de los políticos pitiusos y baleares que han sido incapaces de hacer entender en Madrid las necesidades reales de las islas, condicionadas hasta el extremo por la estacionalidad de su economía. La mayor parte de las infraestructuras se diseñaron hace años para una isla de poco más de cien mil habitantes... en invierno. Debe ser tremendamente difícil asumir que en el resto del año, al menos durante seis meses, esa población como mínimo se duplica. Es una idea en apariencia sencilla pero que en el Gobierno central no ha calado todavía. Hay que ver qué dura tienen algunos la mollera. La consecuencia de esta tremenda ceguera permitida desde hace décadas por los políticos insulares es que tenemos depuradoras que se caen a trozos. Como la de Ibiza, que da penita verla, desvencijada e incapaz de absorber el caudal que le llega desde tres municipios, que encima no tienen separadas las pluviales de las residuales. Esta cadena de chapuzas ni siquiera puede pasar desapercibida por el vomitivo hedor que provocan desde hace años sus vertidos cada vez que llueve. De vergüenza.

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