Opinión

Pablo Casado contra Isabel DíaZ Ayuso, solo quedará uno (o una)

«El destrozo en el PP es considerable e irá a más; se trata de una lucha descarnada por el poder: Casado sabe que la presidenta de Madrid va a por él, que llegará hasta el final»

Los arcanos de la política no son tan herméticos como para sustraerse a cualquier intento de comprensión; aparentemente lo que sucede en el PP es indescifrable, no se atisba a comprender qué pulsión mueve a los dirigentes del partido, Pablo Casado, Teodoro García Egea, José Luis Martínez Almeida (progresivamente asentado en el papel de bufón de la corte popular) para haber desencadenado la alocada pugna que mantienen con Isabel Díaz Ayuso a cuenta de su pretensión de ser la presidenta del partido en Madrid. Preguntémonos cuáles son las poderosas razones por las que la dirección nacional del PP intenta cerrarle el paso a costa de lo que sea, incluso barrenando las expectativas electorales, sin pararse en barras, soslayando el dato incontrovertible de que ha sido la presidenta madrileña la que ha sacado al PP del ostracismo, la que le está dando la oportunidad de competir con éxito en futuras elecciones. El meollo del asunto lo hallamos en la no aireada, pero evidente ambición de Ayuso por desplazar a Casado, de hacer lo que Esperanza Aguirre no se atrevió a llevar hasta el final con Mariano Rajoy en el congreso que el PP celebró en Valencia antes de que José Luis Rodríguez Zapatero decidiera suicidar al PSOE asumiendo los inmensos costes de la crisis económica desencadenada en la primera década del siglo. Aguirre no quiso o no pudo descabalgar a Rajoy. En Valencia perdió su oportunidad, la única que tuvo. Díaz Ayuso, acunada por ese talento para la intriga y el movimiento táctico que es Miguel Ángel Rodríguez, conocido por MAR, conoce que la política habitualmente otorga una y solo una oportunidad. Se la brindó el apabullante triunfo electoral cosechado en Madrid el pasado mayo. Desde entonces es inexpugnable. Si lleva hasta el final la pretensión de ser la presidenta del partido en la Comunidad de Madrid lo será. Casado y Egea no lo podrán impedir. ¿El coste? Enorme. Brutal. Es pugna que no puede acabar en tablas. Quedará un vencedor o vencedora. Solo uno o una. Y atención, en cualquiera de los desenlaces, Pablo Casado ya ha perdido. Si gana, el feudo madrileño quedará horadado. Si pierde, se lo tragará el sumidero.

Se entiende la resistencia de Casado de entregar la presidencia del partido en Madrid, el radioactivo Madrid, a Isabel Díaz Ayuso por lo anteriormente apuntado: de hacerlo le concede la plataforma que precisa para proyectarse con fuerza en la política nacional, para aspirar a todo; todo es ocupar la presidencia que ahora ostenta su enemigo acérrimo, antaño entrañable compañero, amigo, mentor al hacerla candidata por primera vez. Casado y Díaz Ayuso provienen de la misma cepa, la de las juventudes (Nuevas Generaciones) del PP de Madrid, placenta de políticos profesionales de la derecha más dura, la que se halla cómoda colaborando con la extrema derecha de Vox, la que quiere desatar guerras ideológicas sin cuartel contra la izquierda: aborto, eutanasia, educación, derechos LGTB y cuantas banderas ha enarbolado el movimiento progresista, además de sostener tesis económicas ultraliberales, que están siendo abandonadas en medio mundo por los estragos de la pandemia y la fracasada globalización. Eso es el triunfante PP de Madrid. Esas son las credenciales tanto de Pablo Casado como de Isabel Díaz Ayuso; de ahí que la fratricida pugna tenga componente novedoso: no hay atisbo de diferencia ideológica, como sí se constató entre Aguirre y Rajoy; Casado y Ayuso son lo mismo, quieren lo mismo, se combaten con saña por lo mismo; sucede que Ayuso desea lo que tiene Casado, porque se ha convencido, MAR la ha convencido, de que tiene mucha más chance electoral. Esa es la génesis de la pelea que empieza a desangrar al PP y en la que han entrado sin recato todos los medios afines a la derecha. Inopinada y en absoluto despreciable ayuda para la izquierda, que pasa por horas decaídas, aunque no tanto como interesados sondeos trasladan a diario.

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