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Juan Gaitán

Un nuevo periódico

Aunque los manuales de historia del periodismo dicen que el primer diario en sentido estricto fue aquel Acta diurna que Julio César hizo colocar en el Foro romano, aquello tenía más que ver con la propaganda gubernamental que con el periodismo. El primer periódico de verdad no aparece hasta el siglo XVII, y es a partir de entonces cuando el periodismo empieza a formar parte de nuestras vidas. Ya me hubiera gustado que fuese cierto eso de que ya había periódicos y periodistas en el siglo I a. C. porque ahora dispondríamos, por ejemplo, de una entrevista con Jesucristo, y eso sería superior a cualquier evangelio, canónico o apócrifo.

Viene todo esto a cuento de que en estos días ha nacido un nuevo diario, El Periódico de España, y eso hay que considerarlo como lo que es, una noticia importante, una gran noticia. No es cosa fácil, ni ahora ni en el siglo XVII, poner un periódico en marcha. Supone casi un milagro, pero como decía Chesterton, lo más raro de los milagros es que ocurren, y ahora ha vuelto a ocurrir, cuando parecía que era imposible.

El periódico siempre ha sido un artículo asequible, ha costado siempre más o menos lo mismo que un café, un precio que casi todos podemos pagar. Y cuando lo hacemos, cuando nos acercamos al quiosco y adquirimos uno, no solo compramos un puñado de hojas impresas que al otro día servirán para envolver los desperdicios del pescado, compramos sobre todo una parcela imprescindible de libertades civiles, por más que se dé la paradoja de que eso no tiene precio.

Quizás sea culpa de don Aurelio, aquel viejo maestro que a mis tiernos seis años me hacía subirme a una silla y leer en voz alta el periódico a mis compañeros, pero yo lo primero que hago cada mañana es repasar los periódicos mientras me tomo un café. Y luego ya empieza de verdad el día y sus afanes. Y ahora, a ese ritual añado un nuevo papel, El Periódico de España, y lo hago con la certeza de que con su llegada el mundo es más libre, más democrático, mejor.

Yo me he dejado la vida en los periódicos. Es lo que más me ha gustado hacer. Más que mis versos, más que mis novelas, a mí me ha gustado hacer periódicos, contar la historia de las últimas veinticuatro horas del mundo en un papel volandero que muere y resucita a diario (como la rosa del poema, el periódico vive mientras muere). Será porque creo firmemente en esto, en que se puede escribir una página, una columna, un suelto, con alguna gracia, con algún talento, y conseguir que alguien te lea y con eso mejorar un poquito el mundo. Y no me ha importado dejarme la vida en ello. Al fin y al cabo, en algún lado hay que dejársela, y qué mejor sitio que en un milagro.

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