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Lopez-Romero,-Josemi

Para empezar

José Miguel L. Romero

Un obispo normal, al fin

Que el obispo te salude por la calle, te llame por tu nombre o malnom, se acuerde de que tu abuelo es un caparrut entrañable, te consuele por la muerte de tu madre, se preocupe por si has podido pagar ese mes el alquiler (y en caso contrario te eche una mano), te coja el teléfono, te trate con cariño, te mire con una dulce sonrisa, se interese por lo que le cuentas o se entristezca porque no encuentras casa, es un lujo del que los pitiusos, tanto cristianos como no, podrán disfrutar desde el 4 de diciembre, cuando Vicent Ribas sea ordenado obispo. Ribas dice que no quiere cambiar, que quiere seguir siendo el sencillo párroco al que adoran en Santa Eulària y Sant Mateu, el de trato afable, el que admite que lo suyo no eran los estudios, el que trufa sus frases con el refranero popular, el que ya sólo baila pagès en el comedor de su casa por temor a lesionarse, el que cocina por hobby y recuerda cómo de chaval jugaba a organizar procesiones en sa Serra y no había gatito en el barrio que no hubiera bautizado. Una persona normal, al fin, al frente de la diócesis, un ibicenco que quiere a su isla y a sus vecinos, no un obispo que llega rabioso a este destino y que está deseando que el Vaticano le encomiende algo más apropiado a su alcurnia. Un obispo más humano, al fin.

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