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Juan José Company Orell

Wonder Woman y sus amazonas

El desembarco masivo de la fibra óptica ha puesto al alcance del televisor de cada ciudadano un surtido de estrenos que hace algunos años era impensable. Antes una película podías verla en la presentación o en un reestreno. Sin embargo, para los consumidores de cine actual no tiene sentido reestrenar las películas. ¿Cómo va a programarse el reestreno de una película si puedes verla tranquilamente en tu casa? La semana pasada Movistar ofrecía ‘Wonder Woman 1984’, que es la segunda película del personaje. Hace nada estaba en las salas de cine la primera y ya puedo ver la nueva en mi casa. Naturalmente no es igual ver una película en el cine que en tu televisor, pero mola más que ver una de John Wayne que es a lo más que se llegaba hace algunos años, cuando solo había televisiones públicas.

‘Wonder Woman 1984’ es una película entretenida en la que se aprecia la influencia de otra película de cine «pseudohistórico», la popular ‘300’ de Zack Snyder. Ambas tratan de la iniciación del héroe en condiciones draconianas quien, sobreponiéndose a terribles retos físicos, nunca intelectuales, se convierte en líder. Nada de estudios y cultura. Solo armas y físico. Y ahí viene lo curioso. El cine y las series están blanqueando a sociedades, reales o legendarias, cuya ineficacia y crueldad había hecho que se perdieran en las brumas de la historia. Las amazonas, como los espartanos tan admirados por nuestro Jorge Lorenzo, eran tribus crueles y homicidas de niños. Los espartanos asesinaban a los niños deformes, las amazonas a sus hijos varones. Otro caso similar e igualmente blanqueado es el de los vikingos que también protagonizan una serie triunfadora y popular. Y es que vikingos, amazonas y espartanos fueron sustituidos por modelos sociales más efectivos, más solidarios y más cultos.  

Algo parecido está pasando en las redes sociales con algunos conocidos influencers o youtubers. Ellos, como vikingos, amazonas y espartanos son hábiles en la violencia, pero también mediocres, generalmente sin estudios ni cultura. Estos personajes ejercen una nueva violencia que, en este caso, no es física sino mediática y la ejecutan por diversión sobre víctimas más débiles que ellos como trabajadores en el ejercicio de su labor o mujeres que ni siquiera conocen. Burlándose de los trabajadores se hizo famoso el youtuber Sergio Soler, quizá recuerden su «cara anchoa». En cuanto a violencia contra las mujeres, no tenemos que irnos muy lejos. Es conocido el caso de Naim Darrenci, un influencer mallorquín contra quien el Govern balear ha interpuesto una denuncia por abuso sexual. Confiemos en que la moda de recuperar a amazonas, espartanos y vikingos sea igual de efímera que la popularidad de youtubers y influencers, y todos ellos sean sustituidos en el reconocimiento de sus conciudadanos por los personajes que tiraron de nuestra sociedad cuando nos enfrentamos a una crisis real e importante. Me refiero a sanitarios, policías o reponedores.

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