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El mercado no es un volcán

La erupción del volcán de La Palma es una fuerza de la naturaleza, inexorable, que nada ni nadie puede parar ni cambiar. Las leyes del mercado son convenciones humanas, es decir, alguien ha decidido que sean así, y tienen como consecuencia precios disparatados de la luz o de los alquileres, en una permanente escalada de precios que observamos como quien contempla la lava incandescente devorar casas, colegios, carreteras o plataneras. Como si fuera inevitable, como si hubiera que resignarse a que la luz cada día bata el precio de la jornada anterior; a que personas con trabajo estable y una nómina no puedan pagar un alquiler en las Pitiusas, y las familias deban hacinarse, los adultos compartir piso, y los jóvenes renunciar a su proyecto de vida y a su independencia porque no tienen dónde vivir. La especulación salvaje con el alquiler turístico, a escala masiva, ha provocado esta realidad, que no es como un volcán, que se puede y se debe cambiar por justicia y porque la Constitución dice que la vivienda es un derecho. Y para algo están los gobernantes, para intervenir cuando las leyes de la selva del mercado condenan a tantas personas a no poder pagar el alquiler, a la miseria, a malvivir. El mercado no es un volcán, y si provoca consecuencias dramáticas, no podemos seguir mirando impasibles, como si todo fuera una maldición divina o un capricho de la naturaleza.

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