Opinión

El PP se ‘lució’ en su congreso nacional

No lo podía haber imaginado mejor el más hábil comediógrafo: con su invitación a Nicolas Sarkozy y las palabras de Mario Vargas Llosa sobre cómo debe votar la gente, el PP se ‘lució’ en su congreso nacional.

Nada más esperpéntico, en efecto, que, al día siguiente de que Sarkozy pusiese por las nubes al PP y a su actual líder, Pablo Casado, y que éste pusiese a su vez al francés como modelo de gobernante, escuchar la noticia de que la justicia francesa condenaba al expresidente del país vecino a un año de cárcel.

Le condenaba por financiación ilegal del partido, exactamente el mismo cargo al que se enfrenta desde hace años el PP de las todavía nunca aclaradas corrupciones. ¡Pura astracanada!

Como lo fue también el hecho de que un novelista que se confiesa liberal como Mario Vargas Llosa declarase en el congreso del PP que «lo importante en una elección no es que haya libertad, sino votar bien».

Hace tiempo que, por sus artículos periodísticos sobre la actualidad política latinoamericana, sabemos el concepto que tiene el Nobel hispano-peruano de la democracia.

‘Votar bien’ para él es votar lo que quieren en aquel continente él y los de su clase: es decir, esa clase criolla propietaria de la mayoría de los medios de comunicación de aquellos países, que siempre ha despreciado al indígena y se rasga las vestiduras si alguno de ellos consigue, como en Bolivia o Perú, llegar al poder.

Y hablando de indígenas, mientras en Valencia se sucedían los oradores en la convención nacional del PP, una de las estrellas rutilantes del partido, la presidenta de las Españas dentro de España, emprendía, al otro lado del charco, una particular cruzada contra el indigenismo.

Ansiosa de comerle el terreno a Vox, un partido que tanto parece, por otro lado, inspirarla, Isabel Díaz Ayuso se metía en terreno resbaladizo al criticar nada menos que al Papa por haber osado pedir perdón a México por los ‘pecados’ cometidos por la Iglesia en la evangelización de América, algo que ha logrado irritar incluso a los obispos españoles.

«A mí me sorprende, cuentan los enviados especiales que dijo Ayuso en EEUU, que un católico que habla español hable así de un legado como el nuestro, que fue llevar precisamente el español y a través de las misiones, el catolicismo y, por tanto, la civilización y libertad al continente americano».

Nuestra particular Juana de Arco del Manzanares, que con su habitual desparpajo no ha vacilado en calificar el ‘indigenismo’ de ‘nuevo comunismo’, tuvo que soportar los reproches de uno de los pocos miembros del caucus hispano que aceptaron reunirse con ella.

El congresista californiano Raúl Ruiz, él mismo de origen mexicano, afeó a Ayuso su descalificación de esa corriente sociocultural que reivindica la identidad política y social y el valor de la cultura amerindia frente a la del colonizador europeo.

Sorprende, por otro lado, que Ayuso se sorprendiese de lo poco que se habla de España en Estados Unidos, un país dominado todavía por los wasps (blancos, anglosajones y protestantes), que siguen mirando con desdén todo lo relacionado culturalmente con su patio trasero.

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