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Carta emocionada a Brasilio de Oliveira

De todos los que encontré durante tantos años en Ibiza, tú fuiste el único que con ‘beata devoción’ dedicabas todo su tiempo a hacer feliz a los demás, ¡qué bonita misión te había encomendado la vida! 

Defendiste la diversidad cuando nadie todavía ni siquiera hablaba de ello, luchaste por los derechos de los que ellos carecían de ellos, protegiste con amor paternal las ninfas y las hadas que pululaban en tus fiestas, acompañaste en el proceso de metamorfosis a tantos que llegaron gusano y se convirtieron en espléndidas mariposas.

Conseguiste que convivieran en armonía todo ‘lo mejor y lo peor de cada casa’, los gays más coloridos con la España más rancia del postfranquismo, creando un submundo paralelo donde supiste dar a cada uno la importancia que se merecían.

De tu cabeza salió el concurso de Miss Fantasy, donde la comunidad gay esgrimía toda su creatividad e ingenio y convertían el escenario del KU en una fábula fascinante. Después de tantas mises y místers, Ibiza tenía su concurso del diverso.

Brasil era la fiesta absoluta, el puerto de Dalt Vila excepcionalmente levantaba sus barreras y miles de personas, adultos ancianos y niños invadían las calles de la ciudad bailando al ritmo de batucadas y Sambas do Enredo que se dejaban oír hasta que el sol daba el relevo a la Luna. Tu ADN se descubría orgulloso y la isla se rendía a tus pies

Nunca permitiste que la calle de la Virgen no luciera sus banderas arcoíris, diste de comer y pagaste anónimamente las cuentas de tantos gays que se habían quedado sin recursos; hiciste posible el último deseo de un enfermo terminal de sida, se cumpliese, morir en Ibiza… sin contar las veces, que en los años ochenta sacaste del calabozo a tantos gays acusados de ‘escándalo público’, prometiendo al jefe de la policía de tenerlos bajo tu tutela. 

Todo esto eras tú. Gracias Bra.

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