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Marta Torres

Para empezar

Marta Torres Molina

Doctora, me duele la ‘ç trencada’

Señora doctora, no puedo más. Me duele la ç trencada. He probado con todos los remedios caseros que conocía, pero la pobre no mejora. Lleva unos días, cómo le diría yo, emmolinada. Todo empezó hace más de una semana. Tuvo un cobriment, animalica mía, que le dejó la cedilla a punto de desplomarse. Vaya, que se podría decir que la ce tiene el ventre caigut. Además, ha empezado a hacer una pudorella que no es normal. Yo la he acotxat con todo el amor lingüístico del mundo, pero nada, no hay forma, sigue tremendamente tabacada. Yo lo único que quiero es que vuelva a ser la ç trencada de siempre. Esa letra arreveixinada que no se calla ni debajo del agua. Esa grafía força, dolça, tenaç y, sobre todo, feliç como un gínjol porque puede comunicarse con quien se le ponga delante. Hasta en las consultas del centro de salud, que ya es decir. No sabe usted, señora doctora, las malalletades que se lleva con eso. Primero se me queda estantissa, pero luego, aunque amb treball y a pesar de estar escapçada, parece que recupera la vivor y se me pone como un gall de panses. Y, claro, eixerida y con el alma retorçada ya no hay sanitario ni político que me la deje encranquenada. Doctora, me duele la ç trencada.

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