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Lucía Perán Alcázar

Juego de luces

Mi vecina está pletórica, contenta… desbordada de alegría. No me tiene acostumbrada a este comportamiento. No hizo falta que le preguntara por la causa de su estado de ánimo porque tomó impulso y durante media hora me explicó lo bien que se lo ha pasado con su nuevo entretenimiento: jugar a la luz. Por un lado, me decía, como el sueño no le acompaña, cada vez que se despertaba ponía una lavadora diferente. De ropa de color, de toallas o de ropa blanca y delicada. De día, entre las diez de la mañana y las dos, cocinaba para todos los de la urbanización, y cuando llegaba el fin de semana, su felicidad era completa. Según ella, su salón se convertía en el centro social de sus vecinos veraneantes, gracias a su aparato de aire acondicionado. Respiré profundamente y en silencio entré a casa, sin opinar. ¡Cielos, qué mujer! Cuando se relaje y compruebe aquello de que nada es verdad y todo es mentira, va a expirar.

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