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José María de Loma

Café con hielo

Concluida la guerra civil entre partidarios y detractores de la cebolla en la tortilla, se atisba el enfrentamiento claro entre los partidarios del café con hielo y los que prefieren el café caliente, como Dios manda, sea el mes del año que sea y ya pueda hacer cuarenta grados o frío extremo. Reconozco que soy un converso. Luego de tildar durante años el café con hielo de brebaje impropio y poco elegante, pasé por una etapa de reflexión, luego avancé en la clandestinidad (me lo hacía yo solo en casa alguna tarde) y después llegué al actual estado, que roza el panegirismo y la falta de pudor a la hora de pedirlo.

-¿Café con hielo, tú?

-Sí, qué pasa.

El café con hielo es la sobremesa al borde del mar mientras alguien te explica una porción de la historia de España, otro se atiza un licor, el camarero ofrece más postre y los niños corretean por la orilla molestando a todo Cristo. Mientras, el segundo sorbo te alegra la vida, te prepara para la siesta y te hace mirar el reloj pensando en si la pereza puede ser infinita y en si has dejado la hamaca a la sombra. Aparcar bien la hamaca es importante, la dejas la sol, te vas al chiringuito y luego pasa lo que pasa, que está caliente y la toalla caliente y tú, que quizás llegas también calentito por el clavo en el restaurante, coges una insolación en vez de un siestón. No puede ser.

Café con hielo, pero qué hielo señores. Que esa es otra. El hielo flácido, endeble, morcillón, que se derrite en un pis pas solo deja aguado el café y ya en el tercer sorbo la cosa es un caldo ínsipido multable e inductor de diarreas. Con un hielo sólido, compacto, profesional, hielo bueno de buen cubata de sitio en condiciones, el café se enfría pero conserva su esencia.

Por la mañana, o sea, hasta las cuatro de la tarde, uno sigue siendo partidario del cafelito caliente con su leche y su aroma y el azúcar y el pertinente bollo o tostada con aceite. Ahora, ya después puede uno entrar en el terreno del café con hielo, que asemeja copazo o refresco, alegra el vespertineo con su tintineo al magrear el vaso y puede que sea hasta más sano. Ligeramente euforizante. Apto inclusive para escribir con ganas. ‘Café con hielo’. Hasta como nombre de sección está estupendo.

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