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Prats, Xescu

De calita a fumadero

Seguro que muchos de ustedes han visto el vídeo que se grabó la semana pasada en el pequeño recodo marinero de es Calonet, junto a Cala Tarida, y que inmediatamente se viralizó a través de las redes sociales. Lo ha compartido y protagonizado un personaje esperpéntico llamado Isaac Torres, apodado ‘El lobo’, y una turba de tunantes, todos camaradas suyos y tan pagados de sí mismos como él. El tal ‘Lobo’, aunque habla, se mueve y gesticula como si fuera una estrella de reguetón, es tan catalán como la sardana.

Hasta ahora ignoraba la existencia de este prócer y, de no ser por el susodicho vídeo, habría seguido felizmente sumido en mi ignorancia. Me lo hizo llegar vía WhatsApp mi tía María, que tiene ochenta años y un pequeño refugio en dicha cala, a la que ya no acude con sus nietos para no tener que soportar a la caterva de maleducados que desde hace algunos años la frecuentan. A veces se instalan en su puerta, le ponen mil pegas para abrirla y hasta le dedican un rosario de improperios. Ella, que en los ochenta y los noventa regentó un bloque de apartamentos repleto de hooligans en Sant Antoni, no se amedrenta y les responde sin finuras ni sutilezas; como corresponde. Resumiendo, que no ha dejado de ir a la cala por miedo sino por asco.

‘El lobo’, decía, aparece en el vídeo con sus cofrades, con el reguetón a todo trapo, bailando en los varaderos de los ibicencos a los que han echado, poniéndose tibios de cubatas, fumando sustancias indefinidas con tubos de metal y hasta metidos en el agua con una cachimba y en grupo, entre una humareda, mientras varios niños juegan al lado en la orilla. Con semejante percal, sobran las alusiones a mascarillas, distancia social y demás recomendaciones sanitarias.

Al investigar un poco al personaje, resulta que se define a sí mismo como ‘influencer’ y acumula casi 700.000 seguidores en Instagram. Los ha atraído gracias a su participación en algunos de los realities más cochambrosos de la televisión, como ‘Super Shore’ (MTV) o ‘La isla de las tentaciones’ (Telecinco 5), donde su principal cometido ha consistido en protagonizar escenas tórridas ante las cámaras. 700.000 seguidores que ahora están deseando llegar a Ibiza y montarse la fiesta en es Calonet.

En el vídeo, entre bailoteo, compadreo y fumeteo, las únicas palabras que acierta a pronunciar el pimpollo es “vaya calita de locos”; aunque los únicos locos que aparecen son él y sus palmeros y groupies. Que María, los otros vecinos que tienen aquí su refugio desde antes de que un turista pisara la cala y los bañistas de siempre que no actúan como una plaga invasora se vean abocados a soportar semejante bullanga, constituye un trágico síntoma de la deriva que ha tomado esta isla. Ibiza, en una parte sus-tancial, hoy es esto; y por eso nos vemos inmersos en un festival de botellones, camellos, fiestas ilegales, furgonetas negras, concierge, macarras de toda ralea y demás parafernalia.

Ese día fueron ‘El lobo’ y sus adláteres pero prácticamente a diario irrumpe una manada parecida, que además trae perros peligrosos sueltos y sin bozal. Lo demás, casi igual: botellón en la playa y música a todo volumen. La cachimba acuática, sin embargo, sí que es una novedad; esperemos que no se asiente como tendencia. Y mientras tanto, a pesar de las llamadas de denuncia que temporada tras temporada realizan las familias afectadas, la policía local, que este año anda más agobiada que nunca, brilla por su ausencia.

El propietario de un varadero, cansado de ver cómo esta gente no solo convierte el muelle situado frente a su refugio en un fumadero, sino que además se instala encima del tejado, con el consiguiente peligro de derrumbe, ya que estos refugios no están concebidos para que se baile encima o coja carrerilla para zambullirse en el mar, ha encontrado una ingeniosa solución: aplicar un enlucido con piedras puntiagudas, de forma que tumbarse con la toalla en su azotea sea parecido a hacerlo sobre la cama de un faquir.

Tal vez los hoteles-discoteca y beach clubs que van abriendo, a pesar de que los contagios siguen disparados, puedan ir atrayendo progresivamente a toda esta gavilla de impresentables, y así dejarnos las pequeñas calas a los ibicencos y a los turistas que vienen a disfrutar del mar y no a convertirlo en un estercolero. Si al final hasta vamos a tener que agradecerles la labor social que desempeñan. En todo caso, si ellos los atraen a Ibiza, ya está bien que ahora se vayan ocupando de recogerlos.

@xescuprats

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