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Juan José Millás

Me importa y no me importa

La remodelación del Gobierno (signifiquen lo que signifiquen remodelación y Gobierno) se llevaba afirmando y negando desde hacía un mes. Los mismos que filtraron la noticia se encargarían luego de negarla. Finalmente, el rumor adquirió naturaleza de suceso real al día siguiente de que se cerrara la temporada de radio y de televisión y de que los analistas políticos más conspicuos (signifique lo que signifique conspicuo) se marcharan de vacaciones. Por si fuera poco, se dio un sábado de julio, con gente que entraba y salía de las grandes ciudades más preocupadas por el precio de la gasolina que por los avatres de los exministros. Quizá se pretendía que la bomba informativa explotara y no explotara al mismo tiempo. Que se supiera y no se supiera a la vez. Que impactara y dejar de impactar de forma simultánea.

De modo, resumo, que la noticia se lanza, se desmiente y se confirma en un plazo brevísimo de tiempo para que el contribuyente se vuelva un poco loco. Para que se entere y no se entere. Tal vez para que se entere desde el punto de vista racional y lo ignore desde el emocional o viceversa. Cuando uno estudia la trazabilidad del suceso como lee, o lo intenta, la etiqueta del pulpo que está a punto de adquirir para saber de dónde viene, no puede sino caer en el desconcierto. Si servidor fuera director de un informativo, me preguntaría si lo que pretende el Gobierno con esta batería de mensajes contradictorios es que los dé en la cabecera o que los relegue a la zona de pasatiempos. Luego me preguntaría qué han pretendido hacer conmigo. En otras palabras: qué concepto tiene el Ejecutivo de los contribuyentes si piensa que con todos estos regates, desmentidos, acelerones y machas atrás pueden sumirlos en una confusión tal que los empuje a aceptar los hechos sin analizarlos.

De acuerdo, póngame usted ese pulpo que no sé de dónde viene porque la etiqueta es ilegible. La etiqueta de la remodelación del Gobierno, también. Pero mientras pienso en su ilegibilidad me trago la noticia después de haberle puesto por encima un poco de pimentón y de sal gorda, además de un chorrito de aceite de oliva. ¿Me alimenta? No lo sé, pero al menos tenía forma de pulpo y ya sabemos lo importante que son las formas en la democracia etcétera. Todo me importa y no me importa. Iván Redondo es y no es.

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