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José María de Loma

Qué pasa, Biden

Sánchez abordó a Biden como un fan se arrima a una estrella del rock. En vez de un autógrafo le pidió conversación. El viejo rockero es algo impávido, sordera y poderoso. El hombre más poderoso del planeta. Estos días critican mucho a Sánchez por haber vendido que se ha entrevistado con el presidente de USA en Bruselas cuando en realidad solo logró hablar con él un minuto. Si acaso. Y andando. Pero yo creo que nuestro representante tiene mérito: sortear a los guardaespaldas. No ser confundido con un ministro de Guatemala, un subsecretario de México o un joven dirigente de la OTAN que pasaba por allí. Otro mérito: hablar inglés. Aznar hubiera puesto acento de Texas y habría ofrecido puros, González habría gesticulado mucho y Zapatero no se habría levantado. Como hizo en aquel desfile. Rajoy se habría quedado en casa. A Sánchez tal vez le dio tiempo a decirle a Biden, qué pasa Pepe, hay que ver lo tranquilo que me he quedado después de cargarme a Susana Díaz, que me llevaba haciendo la puñeta desde hacía años. O, Biden, tío, pásate por España que verás que buen color se te pone. De la cumbre de la OTAN tal vez nos traigamos una cumbre de la OTAN. Que se celebrará en nuestro país.

Antes, cuando los países se reunían en Europa para hablar de ejércitos alguien invadía los Sudetes o se repartían África o bombardeaban países del Golfo u oriente. Ahora al menos de lo que se habla es de a ver con quién se habla este o el otro. Cotilleo diplomático. Biden pasa de Sánchez, dice la derecha; Sánchez departe con Biden, dicen los gubernamentales. Nunca Biden a gusto de todos. Lo importante es la foto, pero lo que ha conseguido es un vídeo. Fuese y no hubo Biden. Biden es un hombre frágil de acciones contundentes.

Mucho más reformador y progresista en sus primeros meses en la Casa Blanca de lo que se esperaba. Casi homologable a un socialdemócrata europeo. Tiene tantas cosas en qué pensar que no piensa en qué busca un joven líder de otro país acercándosele. En el fondo del revuelo por la no entrevista con Biden está, como OTAN veces, nuestro complejo secular a la hora de relacionarnos con los EEUU. «Solo treinta segundos, solo treinta segundos», vocifera un radiofonista alegrándose. Supongo que del hecho de que Biden esté tan ágil para andar tan rápido, no de ver una hipotética humillación.

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