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Hay ahora mismo cines en los que se proyecta la película para un solo espectador. O para dos, con suerte. Viví el otro día esa experiencia, la de ser el único usuario de una sala y me pareció que era la película la que me veía a mí. De hecho, no recuerdo de qué trataba, aunque ella podría contar de qué trato yo.

¿De qué trato yo?

No nos hacemos esta pregunta respecto de la gente, lo que resulta curioso si tenemos en cuenta que la vida de las personas cabe en una sinopsis, lo mismo que el argumento de una novela, de una película, de un cuento. ¿De qué trató, por ejemplo, la vida de mi madre? Esto es lo que me pregunto. Y me respondo que trató del cansancio. Ese fue el tema de su existencia: el cansancio, el agotamiento, la extenuación.

La extenuación de mi madre.

Me contaron que en las productoras de cine exigen desde hace algún tiempo a los guionistas que resuman el tema de una serie en una sola frase.

- ¿De qué tratará Los Soprano? -preguntaron al creador de esa historia ya mítica.

-De las relaciones entre un gánster y su psicoanalista -respondió.

Y se la compraron.

Cuando me meto en la cama, antes de dormirme, juego a resumir en una frase la novela de la vida de gente que conozco o que conocí. La vida de mi padre trató sobre las tensiones entre la creatividad y la obligación de ganarse el pan. Mi vida trata sobre las relaciones entre yo mismo y mi ansiedad. Significa que la ansiedad me constituye como me constituye el hígado. Pero con el hígado no tengo ninguna clase de tensión. Se supone que está donde debe y que actúa de acuerdo con las pautas de un hígado normal. Se trata de un vecino silencioso. La mayoría de los órganos del cuerpo son, por fortuna, vecinos silenciosos. Sería horrible escuchar todo el día un ruido de tuberías procedentes de tu interior. Mi vida trata, pues, de la ansiedad y de los modos en los que he ido combatiéndola a lo largo de los años. Juego con ella al ajedrez y acabo de enrocarme.

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