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Jonathan Pérez

Tribuna

Jonathan Pérez

Generación Z

No hagas muchas cosas. No busques estar ocupado todo el tiempo. No desees estar siempre ocupado y que los demás te vean como alguien productivo. Pulsa el stop en la cinta de correr y siéntate en ella para leer. Deja que el enfado te expulse de allí. Antes de salir, devuelve la tarjeta del gimnasio a su dueño. Haz deporte al aire libre. Estudia un segundo idioma para empaparte de literatura extranjera. Disfrázate de workbook. Suelta una carcajada cuando alguien hable del inglés como una hard skill. Ve a una entrevista de trabajo y pide cincuenta céntimos por cada verbo irregular que hayas pronunciado.

Observa de cerca los cristales moteados del ascensor social. Respira el óxido que se acumula en sus paredes. Siente la descomposición de los que están en la cima. Busca en los libros alguna respuesta: llaneza, muchacho, no te encumbres que toda afectación es mala. Piensa que las cosas pueden ser de otra manera. No dejes que esto se convierta en el lema de la taza del desayuno. Dibuja una mueca de extrañeza al visualizar el mensaje motivador y nauseabundo de Will Smith. Elige no solo el color de la carcasa de tu smarpthone. Elige no solo tu serie favorita de Netflix. Actúa como un aspirante a burgués y saca buenas notas. Haz preguntas a los profesores, muéstrate dubitativo, agacha la cabeza. Después, sonríe con picardía. Separa el conocimiento de la información. Busca la palmada en la espalda de unos pocos. Gana muchas competiciones y quema el tablero. Ve a una pista de atletismo y deja que todos te adelanten. Siéntate en el suelo y que te adelanten una segunda vez. Haz un voluntariado y no lo pongas en tu currículum. No certifiques tu bondad.

Busca creer en algo. Espanta al nihilismo. Desconfía de las grandes verdades y atiende a las verdades menudas. Colócalas en el vacío del estómago. Escucha a tus abuelos. Aprende a estar solo. Distingue soledad y aislamiento. No quieras que las pupilas de tus seguidores vean el atardecer por ti. No dejes que los algoritmos capitalicen tu intimidad. Borra Instagram. Vístete otra vez con el atuendo de workbook y ve a un baile de disfraces no virtual. Aprovecha los huecos del sistema y deja que el goce estético se abra paso. Paga un euro y disfruta de una obra de Haydn en el Auditorio Nacional. Sube al tren turístico de Zamora y ve tu ciudad como algo nuevo, que se está haciendo. Redescubre el lenguaje. Enciende la tele y observa la podredumbre del lenguaje político. Apaga la tele. Huye de los lugares comunes y de las frases hechas. Ensaya palabras.

Coge un folio y pártelo en cuatro trozos. Escribe: meritocracia, productividad, futuro, heteronormatividad. Préndele fuego con una cerilla. Di no a la subversión controlada. Huye de los espacios de fuga. No busques destacar en el infierno de lo igual. Analiza y sigue excavando. Confía en la bondad de algunas personas. Abrázalas fuerte y deshazte de las relaciones precarias. Abdica de la comunicación a través de emoticonos y símbolos prefabricados.

Camina entre una multitud y mira a los ojos de los demás. Busca en sus ojeras lo que os hace iguales. Sé consciente de que vives en la sociedad del consumo. Sonríe, si estás a gusto. Háblalo con los demás, si sientes la angustia. Quema todas las banderas. Cree en la abolición del conflicto. Convierte en un descreído. Si te preguntan, contesta con Rimbaud: Je est un autre. Sé ese otro. Habla por ese otro. Ofrece a los demás estas palabras. No hables en nombre de tu generación.

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