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Javier Cuervo

Señales de humo

«Las farmacéuticas hacen nuestros antivirus y quieren un futuro como el de sus primos informáticos, de suscripción anual»

Las farmacéuticas hacen nuestros antivirus y quieren un futuro como el de sus primos informáticos, de suscripción anual. Pfizer anuncia la tercera dosis al año de la segunda. A la vez, celebramos que 5 millones de españoles han completado su vacunación y se ha cumplido un objetivo: que a estas alturas hubiera 5 millones de vacunados. Lo demás es subjetivo.

Es subjetivo identificar la vacunación con la operación bikini que prepara para vivir un verano normal y es subjetivo ver las colas y los vacunódromos como el campeonato nacional de pinchos que mejor viene para llenar bares y restaurantes desde la terraza hasta la mesa junto a los lavabos. Hemos olvidado hasta dónde llega la vacuna porque ya hemos llegado a la vacunación y se ha superpuesto al cauteloso discurso científico el apremiado discurso empresarial que han hecho suyo los políticos.

Recordemos. En el tiempo en que lo mejor para seguir era parar y estábamos en casa, la exigencia empresarial al gobierno fue ‘díganos qué hacer para seguir’. Se entiende: mucha actividad económica, como la bicicleta, exige pedaleo continuo. Pero cualquier respuesta hubiera valido: el rezo del rosario, una liga rosa bajo el pantalón del CEO, una pastilla de leche de burra después de cada comida... porque seguir era su empeño y solucionar, tarea de otros.

La vacuna fue la solución, pero a estas alturas es entendida como lo era la tirita en mi infancia: algo que te ponían en la herida y ¡a seguir corriendo, chaval! La vacuna es una solución para seguir, también para seguir en el gobierno, pero nuestra campaña de vacunación no es la solución a la pandemia y mientras guardamos cola y morimos de ganas de vivir, llegan señales de humo de la India, más de 1.400 millones de habitantes, más de 20 millones de infectados, más de 222.000 fallecidos, menos del 10% de la población inmunizada, sin oxígeno para los enfermos, sin habitaciones en los hospitales, con fuego para los cadáveres, a menos de 8.000 kilómetros de distancia y de 9 horas de vuelo y en el mismo planeta, con su tierra, su mar y su aire.

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